Caminábamos apuradas por Av. De Mayo, el frío de la mañana nos obligaba a despabilarnos. La charla era más que placentera, incluía recuerdos, proyectos, coincidencias y deseos. Casi sin darnos cuenta nos topamos con el sitio que buscábamos. Pensé hacia mis adentros: cuántas veces pasé por acá y no tenía idea que era la Secretaría de Cultura de la ciudad de Buenos Aires; me sentí un tanto ignorante pero olvide rápidamente ese pensamiento al encontrarme de golpe frente a una gran puerta. El edificio era estupendamente antiguo, hermoso, plenamente hermoso. Al contemplarlo, recordé la primera vez que había conocido la Capital: cuando venís del interior lo que mas te impacta es la arquitectura de la ciudad, sobre todo la de los edificios públicos. Un tanto sigilosas, caminamos despacio hacia el mostrador. Allí nos recibió un señor que atentamente escucho nuestras intenciones. Nos dirigió hacia un pequeño despacho, allí se encontraba la bibliotecaria y su ayudante. Detenidamente les planteamos nuestra gran incertidumbre, yo sentía que allí no encontraríamos “eso” que buscábamos. Las bibliotecas caían como cortinas, desde el techo hacia el piso, y ella revolvía y revolvía casi desesperada por encontrar un libro, que aunque fuera lo nombrara: -Espacio Cultural Carlos Gardel, le dijimos a coro, queda sobre la calle Olleros en el barrio de Chacarita, aunque se parece mas a uno de Belgrano. Nos acercó un libro.
Un pequeño párrafo de no mas de 20 renglones precarios nos diría exactamente lo siguiente:
“Un viejo depósito de principios de siglo XX, ubicado en Olleros 3640
devino en Centro Cultural, respondiendo a una iniciativa barrial,
analizada por el presupuesto participativo del año 2002. Cómo
consecuencia un ámbito unitario de gran altura, debió adaptarse a
distintos requisitos. Un sector debía alojar a un gran salón de usos
múltiples destinado básicamente a espectáculos y exposiciones con sus
correspondientes servicios de apoyo; otro debía destinarse a
aulas-taller y, un tercero a alojar dependencias administrativas para
manejos del centro y servicios al público. Fue objetivo de la
intervención conservar el noble carácter utilitario del edificio: un
galpón a 2 aguas rematado por un mojinete de mampostería que
constituye su fachada en Olleros. Dentro de este espacio de gran
altura se definieron 3 secuencias hilvanadas. Un entre piso delantero,
destinado a alojar las áreas administrativas en planta baja y los
talleres en el nivel superior, caracterizó a la primera secuencia del
acceso. El gran salón, define la segunda, dedicada a la realización
del espectáculo y exposiciones. La tercera corresponde al escenario y
sus servicios. Las obras se realizaran en 3 etapas.”
devino en Centro Cultural, respondiendo a una iniciativa barrial,
analizada por el presupuesto participativo del año 2002. Cómo
consecuencia un ámbito unitario de gran altura, debió adaptarse a
distintos requisitos. Un sector debía alojar a un gran salón de usos
múltiples destinado básicamente a espectáculos y exposiciones con sus
correspondientes servicios de apoyo; otro debía destinarse a
aulas-taller y, un tercero a alojar dependencias administrativas para
manejos del centro y servicios al público. Fue objetivo de la
intervención conservar el noble carácter utilitario del edificio: un
galpón a 2 aguas rematado por un mojinete de mampostería que
constituye su fachada en Olleros. Dentro de este espacio de gran
altura se definieron 3 secuencias hilvanadas. Un entre piso delantero,
destinado a alojar las áreas administrativas en planta baja y los
talleres en el nivel superior, caracterizó a la primera secuencia del
acceso. El gran salón, define la segunda, dedicada a la realización
del espectáculo y exposiciones. La tercera corresponde al escenario y
sus servicios. Las obras se realizaran en 3 etapas.”
Intenté concentrarme y decir, bueno al menos tenemos el proyecto edilicio original del Carlos Gardel. Se puede decir que surge de una iniciativa barrial, pero no podemos rastrear cuál fue esa iniciativa ni quiénes fueron sus actores. Se puede decir con que fines se planificó, pero no dar cuenta de ellos: si uno decide crear un Espacio Cultural con determinados fines, ¿Qué fue lo que desató esa iniciativa?, ¿Qué sucedía en el barrio de Chacarita?, ¿Qué le faltaba al barrio, que un espacio de estas características resolvería? No lo sabíamos. La bibliotecaria mientras tanto, buscaba y buscaba algo más amplio y extenso. Pero los libros no llegaban al año de su fundación, era muy escasa la información con la que contaban ellos y nosotras. Nos despacharon hacia otra oficina, allí nos encontramos con una mujer que sólo se limitó a darnos un volante, que por obra del destino estaba sobre su escritorio y justo hablaba del programa cultural del Carlos Gardel.
Sin mas por hacer y resignadas ante aquella frustrante situación nos retiramos del edificio saludando y agradeciendo. Bueno, ahora saquemos una historia de la galera, pensaba para mi misma, mientras imaginaba una posible crónica que fuese decente para entregar. No se me ocurría nada. Volvimos a caminar por Av. de Mayo, nos relajamos, continuamos charlando y riendo, algo preocupadas por el trabajo, pero contentas de haberlo intentado. Nos separamos en el Subte.
-¡Te veo el martes loquita!!! ¡Cuídate!!
-Dale, dale, vos también. Hablamos.
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