1.
Si tengo que hablar de
mí, tengo que hablar de donde vengo, pues es de donde vengo, lo que soy, lo que
fui.
Vengo de la tierra del sur, fría,
negra, compacta. Vengo del río verde, correntoso, peligroso. Vengo del lago
calmo, un tanto frío, un tanto cálido. Vengo del fin de la meseta, extensa,
uniforme. Vengo del desierto patagónico, llano y achaparrado. Vengo del valle
verde, inmenso y vivo. Vengo del otoño, de un mayo inicial con alamedas
amarillas. Vengo en compañía de otro ser a mi lado. Vengo con 2 hermanos más
que esperaron el despertar de nuestros ojos. Vengo de dos padres que se
sorprendieron con la llegada doble. De allá vengo y aquí estoy. Entre cemento y
veredas con desperdicio y basura. Entre un tumulto de coches que tienen más
importancia que las personas. Entre la individualidad y el egoísmo, pero OJO!
También existe la resistencia. También existen brechas, donde el hombre y la
mujer van tejiendo cada día un nuevo mundo.
¿Qué es Buenos Aires, para vos? Me
preguntaron. ¿Pensás quedarte o volverte? Insistieron. Buenos Aires para mi es
transitorio, Buenos Aires para mí es resistencia, Buenos Aires para mí es la
levadura que hace que el pan tome la mejor consistencia. Buenos Aires para mí
es eso, resistencia, formación y resistencia, ensayo, error y resistencia. No
me voy a quedar, pero pienso aprovecharlo. Con sus ascos y sus placeres. Con su
indiferencia y con sus atenciones. Buenos Aires es un paso entre muchos otros. Buenos
Aires es Buenos Aires.
Me crié en una familia de clase
trabajadora media y tirando para abajo después del 2001. Me crié con una mamá
que no hizo más que darnos amor, contención, risas y que no dejó nunca de bajar
los brazos, que se graduó de grande por criar a los hijos. Vengo de un padre
laburador como pocos o como muchos, depende quien lo diga. De pelo blanco desde
que era joven, fumador desde los 15,
serio, pero inocente, despistado, de esos que con verlos ya te arrancan una
sonrisa. Tengo un hermano mayor, el único varón, que hoy pisa los 30, con dos
nenes que son como él era: tremendos terremotos. En palabras de Galeano serían
esos fueguitos que “arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin
parpadear”. Tengo una hermana mayor y otra de mi edad (por motivos explicados
anteriormente). La mayor esta por pisar los 25, con un nene que es, también
como ella era: Plena, única, con luz y con sombras, curiosa, inteligente, bella
muy bella. En palabras de Neruda sería: “Cómo en la piedra fresca del
manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu
rostro, Bella”. Mi otra hermana, la que nació conmigo, ya pisó a la par de mi
persona los 22. Bien, voy a realizar una pausa porque estoy cometiendo el mismo
error que siempre cometo cuando hablo de ella, la relato relatándome a mi misma
como si fuésemos una sola persona. Error recurrente de la infancia. Vamos de
nuevo: Mi hermana, mi melliza o gemela, nunca supimos bien que éramos, sólo
sabemos que nacimos juntas; tiene los 22 cumplidos. Ella resulto ser
impredecible. Pasó de estudiar Turismo 3 años enteros y perfectos en el sur, a
juntarse, vivir en Lago Puelo un año entero y ahora a viajar por América Latina
con su compañero. Sería en palabras de Benedetti: “Unas veces me siento como
pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces me siento
como un acantilado y otras como un cielo azul pero lejano”.
2.
Acerca de quién escribe
Se dice que el autor de este relato
camina de múltiples maneras por la vida. Se dice que trae un libro bajo el
brazo que lo acompañó en la mayoría de su vida. Se dice que es víctima de sus
emociones, que siente más que lo piensa, impulsiva, de reacción ligera. Que se
cabrea como un toro, que grita como un témpano, que su voz no es para nada
sigilosa. Que le cuesta dejar las cosas atrás. Que a medida que avanza más
acumula. Se dicen muchas cosas, buenas, malas, no tan malas, no tan buenas,
pero depende siempre de quien lo dice. “Si la historia la escriben los que
ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. Se dice que ama con locura,
pero se enamora difícil, que lleva muchas penas, pero incontables alegrías. Que
sus procesos son lentos, pero fructíferos. Que le encantan las personas. Que se
identifica en las canciones, que escribe desde niña. Que persiste y persiste
hasta que deja de persistir. Se dicen que es medio alta o medio pequeña,
depende de si la vez sentado o parado. Se dice que tiene una risa a carcajadas
y que duerme de una manera incomparable. Se dice que es fuerte y que es débil,
depende la circunstancia. Se dice que cuando se cansa se pierde sin dejar
rastros, otros que no se cansa nunca y que sus rastros quedan aunque no quiera
dejarlos. Se dice que ama a Boca, que su abuelo la hizo bostera. También se
dice que no sabe nada de futbol o que sabe mucho, depende el acervo de quien lo
dice. Se dice que hay en su alma un lugar para cada persona. Que tiene buena
memoria, que no se olvida de nada, que no lleva olvido en sus brazos. Que aunque
le cuesta aprender de sus errores, termina aprendiendo.
3.
La significación de vivir en casa
Se puede decir que mis recuerdos de
niña son múltiples y coloridos, algún que otro recuerdo negro, pero sin peso
ante lo vívido. Que la radio encendida por las mañanas reproducían cassettes de
Silvio, de León, de Mercedes, de Jara, de Viglietti, de Sui Generis. Mi mamá
ponía esas canciones que le encantaban, las entonaba como podía, ya que con el
correr de los años me di cuenta de que el canto no es su fuerte. Escuchaba
todas las mañanas la radio de la Universidad y nos hacia concursar a nosotras
llamando por teléfono. Recuerdo que me gané un cd con música muy buena. La
acompañábamos a hacer las compras donde sacábamos mercadería con una libreta,
mecanismo se sigue usando en el sur, y pagábamos la cuenta a fin de mes. Un
leve recuerdo de Don Ramón se aproxima a mi mente. Esto claramente después del
2001, sucesos históricos que marcaron un antes y un después en las diversas
generaciones. Antes íbamos los sábados al centro todos juntos y comprábamos en
un supermercado, que aún existe, con la tarjeta de crédito. Después del 2001,
chau tarjetas de crédito. Mi papá decía: Nunca más, estas tarjetas, nunca más!.
En casa la compañía de mamá eramos nosotras, y fuera de casa también. Mamá
estudiaba el profesorado en Historia, por tal razón, en casa siempre se habló
de política. Recuerdo que íbamos a buscarla con mi papá a la Facultad, a la
noche, cuando salía de cursar. Ese era el momento más lindo del día ir a
buscarla. Correr por toda la Facultad como si fuese nuestra. Ver los grafitis
del Che por todos lados. Recuerdo que cuando estábamos en casa y queríamos
dibujar, mamá siempre tenía algún volante de alguna agrupación para que lo
dibujemos, o para que sea un papel más de nuestra oficina imaginaria.
Cuando mamá no nos podía dejar con
nadie en casa y ella tenía que salir, nos llevaba a todas con ella. Íbamos a
las manifestaciones de los docentes, cortábamos la ruta y nos quedábamos ahí.
Nosotras la pasábamos re bien. Todos los 24 marchábamos con mi vieja, algunas
veces se prendía mi viejo también. Eso era casi una fiesta. Los estudiantes de
Bellas Artes realizaban enormes muñecos de goma espuma que eran policías del
Proceso. Cuando llegábamos al Comando, rodeado por el barrio militar, esos
muñecos se prendían fuego y un grupo de anarquistas, a los que nunca les vi la cara,
porque estaban encapuchados prendían fuego el comando. Tiraban molotov y
dejaban sus leyendas con aerosol. Qué época increíble. Claramente no es lo
mismo marchar acá un 24 que marchar allá. Tiene otra significación.
Con los libros también la relación fue
armoniosa y complementaria. Recuerdo que mi mamá me regalo para los 11 un libro
que nunca más dejé y que en este momento se encuentra al lado mío: “Canciones
del Más Acá” de Mario Benedetti. No hay manera de comprenderlo pero al lugar
que yo vaya el viene conmigo. Lo leo y lo releo. Es mi iniciación plena en la
literatura. Existieron otros libros antes, sobre todo de niña, que también me
traen recuerdos hermosos; como el hecho de leer junto a mi hermana y en voz
alta, una al lado de la otra, cada noche, la colección Elige tu propia
Aventura; pero es Benedetti y luego, será Neruda, quienes establezcan conmigo
un lazo irrompible.
Ahora bien, comencemos con los
bajones literarios. Dos autores grandiosos con los que no tuve éxito. El
primero García Márquez, 100 Años de Soledad, Crónica de una Muerte Anunciada y
Memoria de mis putas tristes. Crónica de una Muerte Anunciada me lo hicieron
leer en el colegio, la verdad no me gustó. Ahora, con los otros 2 fue distinto.
Comencé por 100 Años de Soledad. Recuerdo que mi mamá me advirtió y me dijo que
me arme un árbol genealógico para no confundirme con los personajes, así y
todo, me mareo y lo abandone, para nunca más retomarlo. Aunque ahora que lo
pienso y por lo persistente que soy, deseo retomarlo y probar suertes de nuevo.
Con Memoria de mis putas tristes fue, incluso, peor. Me transmitió tanta
infelicidad el personaje que mis estados de ánimo mientras lo leía eran
deprimentes, nostálgicos, tristes. Lo abandoné con la intención de retomarlo en
algún momento. El segundo, Cortázar. En mi colección- virtual, lamentablemente-
se hallan Rayuela y 62 Modelos para Armar. Probé con ambos, pero no logro
entender su pluma. Antes allá por el 2003, participé junto a mi hermana en las
Olimpiadas de Literatura. Recuerdo haber leído para aquella ocasión Una Flor
Amarilla, el cual tampoco comprendí. Un verdadero Fiasco.
Se puede decir entonces, de todo lo
dicho, que la significación de vivir en casa, rodeada de estos cantantes, estos
autores, haber vivido tales sucesos históricos, políticos, económicos y
sociales hacen que hoy yo sea yo. Plenamente estoy determinada por este
conjunto infinito de vivencias. Estoy dejando en el tintero miles de cosas que
espero, alguna vez, puedan salir hacia afuera. Per importante concluir que no son
sólo las personas las que nos determinan, sino también las raíces, el entorno y
el contexto. Yo soy mi mamá cantando en las mañanas, soy mi mamá
solidarizándose en una causa, soy mi papá laburando cada día de su vida para
darle de comer a sus hijos, soy mi hermano en su peor momento y mi hermano en
su mejor época, soy mi hermana teniendo a mi sobrino, soy mi hermana conociendo
el mundo. Soy yo en ellos, ellos en mí, somos todos en todos. Soy un corte de
ruta, soy la calle, soy la goma prendida fuego, soy yo en mis compañeros y
ellos en mí.
Florencia Paolella