jueves, 12 de julio de 2012


1.
Si tengo que hablar de mí, tengo que hablar de donde vengo, pues es de donde vengo, lo que soy, lo que fui.

Vengo de la tierra del sur, fría, negra, compacta. Vengo del río verde, correntoso, peligroso. Vengo del lago calmo, un tanto frío, un tanto cálido. Vengo del fin de la meseta, extensa, uniforme. Vengo del desierto patagónico, llano y achaparrado. Vengo del valle verde, inmenso y vivo. Vengo del otoño, de un mayo inicial con alamedas amarillas. Vengo en compañía de otro ser a mi lado. Vengo con 2 hermanos más que esperaron el despertar de nuestros ojos. Vengo de dos padres que se sorprendieron con la llegada doble. De allá vengo y aquí estoy. Entre cemento y veredas con desperdicio y basura. Entre un tumulto de coches que tienen más importancia que las personas. Entre la individualidad y el egoísmo, pero OJO! También existe la resistencia. También existen brechas, donde el hombre y la mujer van tejiendo cada día un nuevo mundo.
¿Qué es Buenos Aires, para vos? Me preguntaron. ¿Pensás quedarte o volverte? Insistieron. Buenos Aires para mi es transitorio, Buenos Aires para mí es resistencia, Buenos Aires para mí es la levadura que hace que el pan tome la mejor consistencia. Buenos Aires para mí es eso, resistencia, formación y resistencia, ensayo, error y resistencia. No me voy a quedar, pero pienso aprovecharlo. Con sus ascos y sus placeres. Con su indiferencia y con sus atenciones. Buenos Aires es un paso entre muchos otros. Buenos Aires es Buenos Aires.
Me crié en una familia de clase trabajadora media y tirando para abajo después del 2001. Me crié con una mamá que no hizo más que darnos amor, contención, risas y que no dejó nunca de bajar los brazos, que se graduó de grande por criar a los hijos. Vengo de un padre laburador como pocos o como muchos, depende quien lo diga. De pelo blanco desde que era joven, fumador desde los  15, serio, pero inocente, despistado, de esos que con verlos ya te arrancan una sonrisa. Tengo un hermano mayor, el único varón, que hoy pisa los 30, con dos nenes que son como él era: tremendos terremotos. En palabras de Galeano serían esos fueguitos que “arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear”. Tengo una hermana mayor y otra de mi edad (por motivos explicados anteriormente). La mayor esta por pisar los 25, con un nene que es, también como ella era: Plena, única, con luz y con sombras, curiosa, inteligente, bella muy bella. En palabras de Neruda sería: “Cómo en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, Bella”. Mi otra hermana, la que nació conmigo, ya pisó a la par de mi persona los 22. Bien, voy a realizar una pausa porque estoy cometiendo el mismo error que siempre cometo cuando hablo de ella, la relato relatándome a mi misma como si fuésemos una sola persona. Error recurrente de la infancia. Vamos de nuevo: Mi hermana, mi melliza o gemela, nunca supimos bien que éramos, sólo sabemos que nacimos juntas; tiene los 22 cumplidos. Ella resulto ser impredecible. Pasó de estudiar Turismo 3 años enteros y perfectos en el sur, a juntarse, vivir en Lago Puelo un año entero y ahora a viajar por América Latina con su compañero. Sería en palabras de Benedetti: “Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Unas veces me siento como un acantilado y otras como un cielo azul pero lejano”.
2.
Acerca de quién escribe

Se dice que el autor de este relato camina de múltiples maneras por la vida. Se dice que trae un libro bajo el brazo que lo acompañó en la mayoría de su vida. Se dice que es víctima de sus emociones, que siente más que lo piensa, impulsiva, de reacción ligera. Que se cabrea como un toro, que grita como un témpano, que su voz no es para nada sigilosa. Que le cuesta dejar las cosas atrás. Que a medida que avanza más acumula. Se dicen muchas cosas, buenas, malas, no tan malas, no tan buenas, pero depende siempre de quien lo dice. “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. Se dice que ama con locura, pero se enamora difícil, que lleva muchas penas, pero incontables alegrías. Que sus procesos son lentos, pero fructíferos. Que le encantan las personas. Que se identifica en las canciones, que escribe desde niña. Que persiste y persiste hasta que deja de persistir. Se dicen que es medio alta o medio pequeña, depende de si la vez sentado o parado. Se dice que tiene una risa a carcajadas y que duerme de una manera incomparable. Se dice que es fuerte y que es débil, depende la circunstancia. Se dice que cuando se cansa se pierde sin dejar rastros, otros que no se cansa nunca y que sus rastros quedan aunque no quiera dejarlos. Se dice que ama a Boca, que su abuelo la hizo bostera. También se dice que no sabe nada de futbol o que sabe mucho, depende el acervo de quien lo dice. Se dice que hay en su alma un lugar para cada persona. Que tiene buena memoria, que no se olvida de nada, que no lleva olvido en sus brazos. Que aunque le cuesta aprender de sus errores, termina aprendiendo.
3.
La significación de vivir en casa

Se puede decir que mis recuerdos de niña son múltiples y coloridos, algún que otro recuerdo negro, pero sin peso ante lo vívido. Que la radio encendida por las mañanas reproducían cassettes de Silvio, de León, de Mercedes, de Jara, de Viglietti, de Sui Generis. Mi mamá ponía esas canciones que le encantaban, las entonaba como podía, ya que con el correr de los años me di cuenta de que el canto no es su fuerte. Escuchaba todas las mañanas la radio de la Universidad y nos hacia concursar a nosotras llamando por teléfono. Recuerdo que me gané un cd con música muy buena. La acompañábamos a hacer las compras donde sacábamos mercadería con una libreta, mecanismo se sigue usando en el sur, y pagábamos la cuenta a fin de mes. Un leve recuerdo de Don Ramón se aproxima a mi mente. Esto claramente después del 2001, sucesos históricos que marcaron un antes y un después en las diversas generaciones. Antes íbamos los sábados al centro todos juntos y comprábamos en un supermercado, que aún existe, con la tarjeta de crédito. Después del 2001, chau tarjetas de crédito. Mi papá decía: Nunca más, estas tarjetas, nunca más!. En casa la compañía de mamá eramos nosotras, y fuera de casa también. Mamá estudiaba el profesorado en Historia, por tal razón, en casa siempre se habló de política. Recuerdo que íbamos a buscarla con mi papá a la Facultad, a la noche, cuando salía de cursar. Ese era el momento más lindo del día ir a buscarla. Correr por toda la Facultad como si fuese nuestra. Ver los grafitis del Che por todos lados. Recuerdo que cuando estábamos en casa y queríamos dibujar, mamá siempre tenía algún volante de alguna agrupación para que lo dibujemos, o para que sea un papel más de nuestra oficina imaginaria.
Cuando mamá no nos podía dejar con nadie en casa y ella tenía que salir, nos llevaba a todas con ella. Íbamos a las manifestaciones de los docentes, cortábamos la ruta y nos quedábamos ahí. Nosotras la pasábamos re bien. Todos los 24 marchábamos con mi vieja, algunas veces se prendía mi viejo también. Eso era casi una fiesta. Los estudiantes de Bellas Artes realizaban enormes muñecos de goma espuma que eran policías del Proceso. Cuando llegábamos al Comando, rodeado por el barrio militar, esos muñecos se prendían fuego y un grupo de anarquistas, a los que nunca les vi la cara, porque estaban encapuchados prendían fuego el comando. Tiraban molotov y dejaban sus leyendas con aerosol. Qué época increíble. Claramente no es lo mismo marchar acá un 24 que marchar allá. Tiene otra significación.
Con los libros también la relación fue armoniosa y complementaria. Recuerdo que mi mamá me regalo para los 11 un libro que nunca más dejé y que en este momento se encuentra al lado mío: “Canciones del Más Acá” de Mario Benedetti. No hay manera de comprenderlo pero al lugar que yo vaya el viene conmigo. Lo leo y lo releo. Es mi iniciación plena en la literatura. Existieron otros libros antes, sobre todo de niña, que también me traen recuerdos hermosos; como el hecho de leer junto a mi hermana y en voz alta, una al lado de la otra, cada noche, la colección Elige tu propia Aventura; pero es Benedetti y luego, será Neruda, quienes establezcan conmigo un lazo irrompible.
Ahora bien, comencemos con los bajones literarios. Dos autores grandiosos con los que no tuve éxito. El primero García Márquez, 100 Años de Soledad, Crónica de una Muerte Anunciada y Memoria de mis putas tristes. Crónica de una Muerte Anunciada me lo hicieron leer en el colegio, la verdad no me gustó. Ahora, con los otros 2 fue distinto. Comencé por 100 Años de Soledad. Recuerdo que mi mamá me advirtió y me dijo que me arme un árbol genealógico para no confundirme con los personajes, así y todo, me mareo y lo abandone, para nunca más retomarlo. Aunque ahora que lo pienso y por lo persistente que soy, deseo retomarlo y probar suertes de nuevo. Con Memoria de mis putas tristes fue, incluso, peor. Me transmitió tanta infelicidad el personaje que mis estados de ánimo mientras lo leía eran deprimentes, nostálgicos, tristes. Lo abandoné con la intención de retomarlo en algún momento. El segundo, Cortázar. En mi colección- virtual, lamentablemente- se hallan Rayuela y 62 Modelos para Armar. Probé con ambos, pero no logro entender su pluma. Antes allá por el 2003, participé junto a mi hermana en las Olimpiadas de Literatura. Recuerdo haber leído para aquella ocasión Una Flor Amarilla, el cual tampoco comprendí. Un verdadero Fiasco.
Se puede decir entonces, de todo lo dicho, que la significación de vivir en casa, rodeada de estos cantantes, estos autores, haber vivido tales sucesos históricos, políticos, económicos y sociales hacen que hoy yo sea yo. Plenamente estoy determinada por este conjunto infinito de vivencias. Estoy dejando en el tintero miles de cosas que espero, alguna vez, puedan salir hacia afuera. Per importante concluir que no son sólo las personas las que nos determinan, sino también las raíces, el entorno y el contexto. Yo soy mi mamá cantando en las mañanas, soy mi mamá solidarizándose en una causa, soy mi papá laburando cada día de su vida para darle de comer a sus hijos, soy mi hermano en su peor momento y mi hermano en su mejor época, soy mi hermana teniendo a mi sobrino, soy mi hermana conociendo el mundo. Soy yo en ellos, ellos en mí, somos todos en todos. Soy un corte de ruta, soy la calle, soy la goma prendida fuego, soy yo en mis compañeros y ellos en mí.

Florencia Paolella

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Por qué si ella?


Me quedé estupefacta; no pretendía encontrarla, no allí. Pensar que me había marchado sólo para olvidarla, o mejor dicho, para poder pensar en ella las 24 hrs. del día sin necesidad de reprimirlo. Me sonrió a lo lejos y se sonrojó inmediatamente. Amaba ver como sus mejillas comenzaban a arder y colorarse. El hecho siempre ocurría cuando se sentía fuera de lugar y acompañaba esa expresión agachando la cabeza, pero nunca la mirada. Esa mirada que tantas veces recreaba en mi mente. Esa mirada sincera, que no guardaba rencores ni soberbias. Esa mirada coherente con todo lo que su pecho siente.
            La amaba, estaba perdidamente enamorada de ella. Era la primera vez que me ocurría algo así. Un amor tan distinto, tan transgresor, tan valiente y tan complejo. Cuando me dispuse a acercarme, se dio media vuelta y se marchó. Claro, no estaba lista aún para afrontarlo. Pero se había tomado la molestia de hacer acto de presencia en aquel lugar que tanto significaba para mí. ¿Con qué fin? Ya lo descubriría, o al menos, eso pensaba.
            El pueblito era pequeño, el centro: dispuesto en 8 manzanas enfrentadas me permitiría volver a verla. Me quedaban aún 2 días de estadía; seguramente ambos los pasaría con ella. El mar azotaba contra las rocas incesantemente. No, mejor dicho, insistentemente. El viento era la mejor compañía en aquella soledad absoluta. A lo lejos se oían risas. De golpe estaba invadida por un malestar generalizado, estaba irritable, odiaba que me interrumpieran personas ajenas aquellos momentos de estabilidad emocional, de relajación, de valoración y de reencontrarse con uno mismo.
            El sonido de las risas se hacia cada vez mas presente. Voltee hacia mi derecha. Era ella de la mano de una joven un tanto mayor que ella, y un tanto mayor que yo. Mi corazón dio un vuelco. Eran felices, reían, reían fuerte, bien fuerte; y yo, sentada en la playa buscando la estabilidad emocional para no recurrir al suicidio. ¡Qué injusto!
            Me distraje observándola, una enorme contradicción me atrapo entre sus garras. Amaba verla con el cabello suelto, revuelto, rizado, bien negro. La contemplé anhelándola, deseándola, queriéndola. Me había dispersado, ella estaba con otra y yo no podía dejar de amarla, dejar de extrañarla, no podía ni siquiera dejar de lado el amor por dos segundos para poder enojarme justamente. Estaba con otra en mi playa, estaba en mi playa- que alguna vez había sido nuestra- con otra y encima riendo. Riendo de la felicidad plena, del amor de pareja.
            Volví a experimentar la puja interna: odio-amor, amor-odio. Deseaba odiarla, pero no podía, quería amarla, de hecho la amaba, pero ¿De qué servía? Ella no me quería, no me extrañaba, esa sonrisa lo decía todo, me lo estaba diciendo allí mismo, en la playa, en MI playa, con el mar y el viento de testigo. Una nueva persona había hallado en la vida, una nueva persona que solo de ella sería. Y yo: sola, contemplando el mar, intentando visualizar el límite entre el cielo y el agua, intentando visualizar el límite entre el amor y el odio y no pudiendo encontrarlo.
            Todo había resultado cierto, aquellos rumores de pasillo, de que se la había visto acompañada de otra muchacha, todo había resultado cierto. Y yo negándolos hasta el hastío. No puede haberme olvidado, no a mí, algo debí haber significado. La noche en que ella se hizo tierra, entrelazándome a sus raíces. Esa noche en que se hizo agua, para saciar mi sed, aquella noche en que fue fuego, consumiendo hasta el último de mis leños, aquella noche que fue canción su dulce voz. Esa noche inolvidable, perfecta, esa noche que fue pura madre tierra. Su cabello enredado cual copa de árboles en primavera, enredado en mis manos hechas tierra. Mirándome con sus ojos tan oscuros como la misma noche, tan intensos como ella misma era. Esa noche que hizo de mí más que un canto de sirena. Esa noche que no fui yo y no fue ella.
            No podía haberme olvidado, no así de fácil, no podía amar a otra que yo no fuera. Yo no podía. ¿Por qué si ella?


Florencia Paolella


Proceso narrativo (final)


            Tal como comenté anteriormente, este trabajo resultó ser más difícil de lo que creí. Tal vez, porque lo entendí mal de entrada. Sin embargo, sigo considerando que es una consigna con la cual uno puede lucirse. De todos modos, no es mi caso particular.
            Mi proyecto inicial contemplaba tres capítulos. El primero sería el relato de una joven que decide dejarlo todo atrás por convicciones personales. El segundo, relataría el retorno de la muchacha a su hogar. La conexión especial que sentía con fenómenos que nunca antes había valorado, la nostalgia experimentada al regresar y notar el cambio gestado desde su ausencia; y cómo esto produce que se realice un quiebre interno en la personalidad de la joven, dado que quien se marcha pretende inconcientemente que todo perdure igual que el ultimo momento en que uno lo deja atrás, pero sin embargo, durante el retorno, uno se da cuenta de que eso es imposible cayendo así en una mezcla extraña y compleja de emociones. Finalmente, el tercer capítulo comprendería las reflexiones finales de la protagonista. La cual, una vez loca, perdida en la demencia, sólo podría comunicarse, vincularse y conectarse, mediante la sensación de libertad que el paisaje le brindaba. Todas sus relaciones personales habían sufrido una mutación. O tal vez, era ella quien había mutado. Motivo por el cual ya no había nada allí que la retenga, nada, excepto el viento, la tierra y el agua.
             Como se habrán dado cuenta, este proyecto narrativo, no fue más que un intento fallido. Debo confesar que me gustaba enormemente cómo había quedado; pero a su vez, reconocía sus limitaciones. Analizando mi proyecto narrativo junto a las coordinadoras del taller, caí en la cuenta de que lo que pretendía contar no estaba funcionando de la forma en que esperaba. Oí las sugerencias que se me hicieron, intenté llevarlas a cabo, pero nada lindo, poético ni narrativo se desprendió de ello.
            Como narré en mi autoevaluación, al escribir siempre pretendo que lo recreado me contente. Por esta razón decidí abandonar ese proyecto y sumergirme en otro comenzándolo de nuevo. Realmente frustrada, un tanto agotada, me dí cuenta de que esta consigna había sido, en lo personal, derrochada. No pude lucirme, tuve que contentarme con recrear una historia ficticia en la cual no encontraba ningún aspecto potencial para desplegar. Lejos ya me encontraba de disfrutarla, todo lo contrario, terminé pareciéndola.
            Las lecturas a las cuales, en su momento había acudido, para narrar mi primer intento de proyecto narrativo, fueron desde lo personal: Mario Benedetti, con sus libros Canciones del mas acá y Vientos del exilio. Desde lo académico, releí a Campbell, por recomendación de Emilia y visité el blog de una estudiante, por recomendación de Claudia. Nada de esto sirvió para que mi proyecto inicial sobreviviera concretando la consigna. En cuanto a mi proyecto definitivo, se puede decir, que sólo acudí a los blogs de mis compañeros.
            Dada ya por vencida, mi proyecto narrativo inicial, quedó archivado como un ejercicio, como un intento fallido. Fallido, pero que de todas formas sigo estando orgullosa; y el final, es un intento de ser, lo que no fue el anterior.

Florencia Paolella

domingo, 21 de agosto de 2011

El día en que volví (Tp narrativo primera y segunda parte)


El día en que volví….


1.     El día en que me fui…


El día en que me fui había sido totalmente distinto. El miedo me gobernaba de forma irrevocable. La ansiedad se apoderaba poco a poco de cada músculo de mi cuerpo. El equipaje estaba listo: 2 bolsos enormes imposibles de transportar acunaban mi vestuario, una caja pequeña custodiaba mi vajilla y una pequeña mochila cumplía el rol de compañera con documentación importante, plata y claro, el pasaje. Mi cabeza no paraba de pensar un minuto en la decisión que había tomado, en los motivos por los cuales estaba dejándolo todo. El arrepentimiento se asomaba de a ratos a observarme, para ver si me atrevía a pronunciar aquellas palabras que toda mi familia deseaba oír, pero era bruscamente censurado por una razonamiento mucho mas sólido: ¡Al menos intentalo!
            La terminal desbordaba de gente, mi familia en su totalidad estaban presentes, tristes, nostálgicos, algunos un tanto perdidos ante el hecho que estaba apunto de acontecer. 10 pares de ojos no hacían más que visualizarme. ¿Qué pensarían? Nunca podré saberlo. El colectivo llegó puntual, las lágrimas brotaron casi sin darme cuenta, qué manera de llorar, cuánta nostalgia, cuánto temor y qué poco entusiasmo e interés sentía ante lo nuevo. Mi cabeza hablaba en tono persuasivo:
-         Realmente no queres esto, ¿Qué estás haciendo? En un mes estás de vuelta.
Pero esa frase ya conocida me daba el pié perfecto para que mi otra Anita: corajuda, irracional y terca; se apodere de la palabra y se plante firme en la ocasión:
-         Bueno…si en un mes estás de regreso..¿Por qué no lo intentas al menos?, para volver hay tiempo, ellos van a seguir estando acá.
Me convenció, me atrapó inmediatamente. Besos a montones para cada uno, abrazos fuertes, tenaces expresaban el deseo de aferrarme y no irme, no sin ellos. Pero la Ana dominante me hacía soltarlos:
-         Llorá, llorá, pero nos vamos.
Mi mamá me tranquilizaba:
      -Vamos hijita, ya hay que subir.
Agradecía enormemente que ella me acompañara. Los primeros kilómetros fueron exclusivos del llanto, del remordimiento, del temor. Pero ya estaba en viaje, en viaje porque así lo había querido.
            Aunque los motivos argumentados ante mis padres no eran 100% sinceros y ya no me convencían, es más, nunca lo habían hecho, expresar la verdadera razón de mi demencia me hubiese imposibilitado para lograr asumir ese riesgo. El amor había sido siempre, desde el inicio, ese factor; pero para colmo, la relación se había terminado 3 meses antes de mi partida. ¿Cuál era mi motivo ahora? Si quería hubiese dado marcha atrás, pero no, eso daba la posibilidad de corroborar las especulaciones de los otros, certeras, pero inadmisibles para alguien como yo. “No me voy por él, me voy porque es la mejor universidad” Me había encargado de repetirlo hasta el cansancio, hasta creérmelo, hasta que los demás lo crean. ¡Qué ingenua! Cómo si no me conociesen?. Una mueca se dibuja en mi rostro ante el recuerdo arduo y profundo de la situación, ya lejana, añeja y distante. Pero continué recordando: ¿Cuál era entonces, mi nuevo motivo inconfesable? Claro, mantener mi palabra, mantener mi coherencia, eso ante todo y por más de que el mundo se venga abajo, sin eso no soy nada, palabra y coherencia:
-         No sos una mujer débil, no necesitas de otra persona, podés lograrlo sola. Sé coherente…
Mi cabeza fuera de control me daba los empujones que por lo general te dan los amigos… y así fue… estaba en viaje…


2. El día en que volví…


¿Qué significa irse, si no es para volver?, ¿Con qué vara medimos la distancia, si no es con la del retorno?, ¿Cómo sabemos que actuamos bien, si no volvemos para enfrentarlo?, ¿Qué significa irse, si no es para volver?


Paisaje:

La noche transcurría en medio del campo. Un infinito cielo negro cubierto de estrellas no hacía mas, que alentar a mi traviesa imaginación para que continuara reconstruyendo vivencias de mi pasado y las proyectara hasta el momento de mi llegada.            Necesitaba ver la alameda amarilla, totalmente amarilla, firme pero flexible adornando el camino a casa; protegiendo a las manzanas de los fuertes vientos patagónicos. Sabía incluso que cuando mi colectivo penetrara el arduo desierto, la meseta escalonada y los arbustos achaparrados ya me iría sintiendo de regreso.
Un tanto desvelada, posiblemente por la ansiedad de llegar pronto, no hacía más que imaginar y recordar. Visualizaba en mi mente la primera noche lejos de casa: me había acostado temprano, estaba cansada, me sentía sola, sabía que me deprimiría si me mantenía conciente mucho más tiempo. Por esta razón, había decidido acostarme temprano: para no pensar. La decisión certera no cumplió su prometido; pues esa noche no hubieron grillos, no hubo beso de buenas noches, no hubo aire fresco entrando por mi ventana, no estaba mi hermana durmiendo a mi lado, ni insistiendo que no me durmiera porque tenía ganas de charlar; no hubo viento, no hubieron árboles cantando durante toda la noche hermosas canciones de cuna, no había nada. Sólo, bocinas y frenadas de auto. Se me hizo imposible conciliar el sueño. Qué noche extraña, ajena. ¿Cuánto tiempo mas me tomaría?.
Decidí inmediatamente dejar de recordar los sucesos difíciles y revivir los lindos. Mirando hacia atrás muchos años de golpe me recordé feliz: tomando mates con amigos, compartiendo mucho tiempo con el que en ese momento era mi novio. Recordé anécdotas, recordé cuánto quería a esas personas, y me alegraba reconocer la suerte que había tenido de encontrar seres así.  De reflexión en reflexión, llegué a una conclusión: Nunca nada será perfecto, porque lo perfecto no es más que el deseo inalcanzable, pero incluso con todos los peros que podemos encontrar, la felicidad es realizable. Cuando la alcanzamos la vemos, la sentimos, la escuchamos. Cada vez que un amigo nos ceba un mate, cada vez que decidimos compartir tiempo con otro.
El viaje transcurrió así entre recuerdo y recuerdo. De vez en cuando lograba dormir un poco. Me despertaron para el desayuno. Miré hacia la ventana, ya estaba en el desierto. El cielo bastante iluminado, aún dejaba ver en el horizonte algunos rayos rojos y fucsias. Un escenario muy intenso, muy tenaz. Me tomé unos minutos para contemplarlo: tan bello, tan único, tan imponente, tan cotidiano en aquellos pagos y tan imposible en la ciudad. Es impactante como algo tan sencillo y común puede convertirse en algo sumamente anhelable. En algo relevante, a tal grado que incluso te hace sentir en familia.
Comencé a visualizar el fin de la meseta. Pero aún no había llegado al punto geográfico determinante. No había cruzado la frontera. No había transitado el puente que une al extraño del lugareño. De repente se abrió un brecha en medio del desierto, y ahí lo ví. El tan esperado valle se encontraba erguido, totalmente verde, con su tierra oscura, sus inmensos canales de agua, grandes alamedas contorneaban los cuadros de producción y los que estaban en reposo. Vivo, activo, alegre, curioso y trabajador valle. Que emoción el reencontrarte. Sin dudas estaba en casa.

Viento:

Imaginé el viento: golpeándome la cara, silbando canciones en mi oído, entrelazándome el cabello y llevándose consigo cualquier idea que transitara por mi mente en aquel momento.

Oh viento, tú que viajas de pueblo en pueblo
uniendo cantares de viejos,
oh viento, que te llevas contigo todo lo que puedes
todo lo que a capricho quieres.

Oh viento, que no envejeces nunca,
pero envejeces a tus rivales de ensueño,
enfureces al mar, al lago, al río,
erosionas a la sabia montaña,
y desgajas, desmembrando a cada árbol que ante ti se posa.

Oh viento, que me llevas contigo,
haciéndome música, en diversos oídos,
oh viento que me aclamas por lo bajo,
que no te abandone, oh, nunca,

Oh viento, que me despeinas el cabello,
que me envuelves el rostro para que ciega deambule tras tus pasos,
oh tú que me desvistes sin pedir permiso,
y me vuelves a disfrazas a tu antojo.

Oh viento, cuanto te elijo,
cuanto te sigo,
oh viento cuanto me cambias,
me dejas morir, para volverme a la vida,
oh viento, fiel compañero, yo también te aclamo que no me dejes nunca,
pues conmigo te llevo,
por mas de que no exista el viento en aquel sitio.







Tierra:

Imaginé el olor de la tierra, su cuerpo, su textura. ¿Cuántas tortitas de barro habíamos compartido juntas? Ese color tan oscuro que hasta te tiñe el alma. Tan inmóvil, tan insulsa, tan molesta, cuánta felicidad me provocaba tenerla. Sentir sus raíces atadas a mi ser, abrazadas a mi. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? ¿Cuántas charlas nos debíamos?

domingo, 14 de agosto de 2011

Proceso de escritura...


Difícil, esa es la palabra correcta. Una consigna mas que interesante para abordar, una clara oportunidad para lucirse escribiendo, pero realmente complicada. ¿Qué escribo?, ¿Cómo lo empiezo?, ¿Cómo lo termino?, ¿Qué digo en el medio? Miles de ideas revolotearon por mi cabeza durante largo tiempo. Recordé circunstancias vividas que me habían llegado a lo profundo de mí ser y que siempre habían deseado ser plasmadas en un papel. Pero no, no me llenaba, no era eso lo que quería recrear, no era eso lo que me daba seguridad, no era eso lo que iba a poder narrar de forma tal que la recreación  adquiera la caracterización que pretendía alcanzar. Continué pensando.
Los días se me escurrían velozmente, la desesperación me invadía, el rostro de la profe daba vueltas en mi mente. Que desesperación. Decidí relajarme, continuar pensando, sintiendo, sabía que algo encontraría. Y así fue, lo encontré. Un tema con el que estoy familiarizada un poco a la fuerza, un poco por ganas. Un tema que sentía merecía ser narrado, recreado, enunciado con profundidad y pasión, un tema que tocaría varios corazones, un tema que sin dudas estaba a flor de piel.
Comencé a planificarlo, a armarlo en mi mente de forma minuciosa, sabía qué recursos utilizar, qué palabras elegir, qué incluir y qué obviar. Pero tenía sus limitaciones, aún las tengo. Es por esta razón que sólo espero haberlas podido superar, haber narrado de forma tal que me llene a mí. Éste es siempre mi punto de partida, nunca escribir algo que sé que no me gusta, siempre escribir algo que sé que me hará sentir orgullosa. Algo que te llena el alma, es algo que no olvidamos nunca, eso busco cuando escribo, saber que no voy a poder olvidarlo.
Costó, costó mucho. No tanto la narración sino definir el tema. Mucho tiempo pasó mientras buscaba ese hecho, esa significación, esa metáfora viva que me brindara inspiración. Pero una vez que la encontré, decidí no dejarla ir. Una vez que la tuve allí frente a mis ojos, respirándola suavemente, sintiéndola como la mejor de las caricias, fue entonces allí, cuando me di cuenta, que esperar había valido la pena.
¿Crónica de viaje o relato del viajero? ¡Que pregunta!, aunque lo mas difícil es buscarle la respuesta. Bueno, luego de dar vueltas y vueltas en mi mente, de haberme sumergido a una introspección absoluta y muy profunda, he optado por el relato. Decidí arriesgarme con él porque imaginé que me sentiría más cómoda. Debo admitir sin embargo, que aún no me quedan del todo claro ninguno de los dos. Pero la apuesta con cualquier concepto es entenderlo a partir de la práctica, a partir de las apuestas y a partir de los errores. Es por esto que incluso con entusiasmo y un poco de temor, me encuentro aquí decidida a intentarlo.
El objetivo de mi trabajo será entonces analizar el viaje, pero no como se lo suele definir, sino en uno de sus aspectos mas perdidos de vista. El viaje analizado desde la perspectiva del exilio. El viaje no como un momento de placer y curiosidad sino, como única escapatoria, única alternativa, única forma de seguir garantizándonos la vida.
Su narración no será ficcional, sino realista. Imagino a esta altura que muchos de ustedes habrá encontrado en mi tema más de una limitación. ¿Cómo pretender narrar del exilio si no ha tenido la necesidad de exiliarse? Más aún ¿Cómo narrar del exilio de forma realista sin caer en lo ficcional cuando nada sabe esta mujer del exilio?. Pues entonces, ante estos interrogantes que claramente yo misma me he planteado, y a los cuales he encontrado por suerte la respuesta, es que les digo, que pensar el exilio sólo como decisión política es caer en una gran limitación. Exiliarse no siempre viene de la mano de esto. La definición es larga, con muchos puntos intermedios, con muchas aristas que desean ser descubiertas y profundizadas. Por este camino va mi apuesta. 
Se encontraran con citas, reflexiones, poesías, definiciones, entre otras cosas. Una carga simbólica importante intentare transmitir en cada línea. Pero serán ustedes quienes me dirán luego si logre transmitir y recrear esta apuesta. Pues mis sentimientos pueden ser intensos y significantes para mi, pero si no logro llegar a ustedes, entonces, este proyecto a sido en vano.
Finalmente, debo confesar que no tengo deseos de adelantarles mas datos acerca del mismo, solo quiero que el los descubra a ustedes, y ustedes se vean en el.


El día en que volví….(TP narrativo primera parte)

1.     El día en que me fui…


El día en que me fui había sido totalmente distinto. El miedo me gobernaba de forma irrevocable. La ansiedad se apoderaba poco a poco de cada músculo de mi cuerpo. El equipaje estaba listo: 2 bolsos enormes imposibles de transportar acunaban mi vestuario, una caja pequeña custodiaba mi vajilla y una pequeña mochila cumplía el rol de compañera con documentación importante, plata y claro, el pasaje. Mi cabeza no paraba de pensar un minuto en la decisión que había tomado, en los motivos por los cuales estaba dejándolo todo. El arrepentimiento se asomaba de a ratos a observarme, para ver si me atrevía a pronunciar aquellas palabras que toda mi familia deseaba oír, pero era bruscamente censurado por una razonamiento mucho mas sólido: ¡Al menos intentalo!
            La terminal desbordaba de gente, mi familia en su totalidad estaban presentes, tristes, nostálgicos, algunos un tanto perdidos ante el hecho que estaba apunto de acontecer. 10 pares de ojos no hacían más que visualizarme. ¿Qué pensarían? Nunca podré saberlo. El colectivo llegó puntual, las lágrimas brotaron casi sin darme cuenta, qué manera de llorar, cuánta nostalgia, cuánto temor y qué poco entusiasmo e interés sentía ante lo nuevo. Mi cabeza hablaba en tono persuasivo:
-         Realmente no queres esto, ¿Qué estás haciendo? En un mes estás de vuelta.
Pero esa frase ya conocida me daba el pié perfecto para que mi otra Anita: corajuda, irracional y terca; se apodere de la palabra y se plante firme en la ocasión:
-         Bueno…si en un mes estás de regreso..¿Por qué no lo intentas al menos?, para volver hay tiempo, ellos van a seguir estando acá.
Me convenció, me atrapó inmediatamente. Besos a montones para cada uno, abrazos fuertes, tenaces expresaban el deseo de aferrarme y no irme, no sin ellos. Pero la Ana dominante me hacía soltarlos:
-         Llorá, llorá, pero nos vamos.
Mi mamá me tranquilizaba:
      -Vamos hijita, ya hay que subir.
Agradecía enormemente que ella me acompañara. Los primeros kilómetros fueron exclusivos del llanto, del remordimiento, del temor. Pero ya estaba en viaje, en viaje porque así lo había querido.
            Aunque los motivos argumentados ante mis padres no eran 100% sinceros y ya no me convencían, es más, nunca lo habían hecho, expresar la verdadera razón de mi demencia me hubiese imposibilitado para lograr asumir ese riesgo. El amor había sido siempre, desde el inicio, ese factor; pero para colmo, la relación se había terminado 3 meses antes de mi partida. ¿Cuál era mi motivo ahora? Si quería hubiese dado marcha atrás, pero no, eso daba la posibilidad de corroborar las especulaciones de los otros, certeras, pero inadmisibles para alguien como yo. “No me voy por él, me voy porque es la mejor universidad” Me había encargado de repetirlo hasta el cansancio, hasta creérmelo, hasta que los demás lo crean. ¡Qué ingenua! Cómo si no me conociesen?. Una mueca se dibuja en mi rostro ante el recuerdo arduo y profundo de la situación, ya lejana, añeja y distante. Pero continué recordando: ¿Cuál era entonces, mi nuevo motivo inconfesable? Claro, mantener mi palabra, mantener mi coherencia, eso ante todo y por más de que el mundo se venga abajo, sin eso no soy nada, palabra y coherencia:
-         No sos una mujer débil, no necesitas de otra persona, podés lograrlo sola. Sé coherente…
Mi cabeza fuera de control me daba los empujones que por lo general te dan los amigos… y así fue… estaba en viaje…



martes, 2 de agosto de 2011

Carta a la comisión 52 (autoevaluacion)

Con el fin de realizar una autoevaluación de la cursada en la que todos formamos parte; me dirijo a ustedes para socializar mi balance personal.

            Cuando dejé la materia en el año 2010, supe de inmediato que no me volvería a anotar en la misma cátedra; por lo que charlando con amigos, me recomendaron inscribirme en la cátedra Reale. Al principio no quería porque sabía que la cursada y mis trabajos debían centrarse en el tema del “viaje”, lo cual provocaba un gran temor: no me imaginaba escribiendo todo un año en base a un mismo tema, no me creía lo suficientemente creativa como para poder concretar la cursada. Por suerte la realidad me mostró otra cara. El 15 de Marzo del año 2011 estaba rodeada de un grupo de compañeros bastante numeroso; Claudia se encontraba coordinando al grupo con mucha soltura y entusiasmo. La ronda de presentación fue muy amena y me dio la pauta de que la cursada sería distinta y productiva.

            Con el correr del tiempo encontré en la comisión grandes personas con las cuales pude compartir experiencias de vida, trabajos prácticos y muchos chistes y risas. Personas que merecen ser encontradas y con las cuales el tiempo se agota velozmente.

            Los trabajos fueron muy interesantes, algunos implicaron un desafío personal. En base a los primeros trabajos, me llamó mucho la atención cómo de una consigna se desprendían trabajos y consignas posteriores; me pareció algo muy ingenioso ya que nos permite analizar nuestros progresos o retrocesos en forma encadenada y continua, de un modo mucho mas visible y gráfico. Todo el primer cuatrimestre transcurrió con esa secuencia de consignas.

            En cuanto a la bibliografía de la materia, me pareció muy interesante, textos conceptuales claros y fáciles de abordar y corpus de cuentos, textos, relatos mas que interesantes al descubrir.

            La modalidad de corrección es sumamente apropiada, se nos permite defender nuestros trabajos y al comentarlos grupalmente se genera un proceso de aprendizaje más abarcativo. Vemos qué cosas no quedan claras en nuestros trabajos, cuáles llaman la atención o impactan, o cómo los personajes que creamos de forma inconciente adquieren cualidades que jamás habíamos pensado. Esto último me parece más que provechoso, estamos aprendiendo no sólo a escribir, sino también a leer y a “leernos” con el paso del tiempo. En cada proceso de escritura existe uno de lectura conjuntamente y viceversa.

            En cuanto a la cadena de blogs, superó mis expectativas aunque aún no me acostumbro a utilizarlo cotidianamente. Pero sin duda fue un claro avance frente a la caótica lista de mails de inicio de año.

            Ahora bien, una vez realizado el balance de las cuestiones más “operativas” de la cursada, debo comenzar con mi balance personal de escritura y lectura. Debo decir que con todos los trabajos aprendí algo, descubrí cosas, vi potencialidades y encontré limitaciones. Asumí desafíos y logré concretarlos, cometí errores de los cuales me hice responsable, intenté cumplir con todo lo que se me demandaba y exigía, pero no pude realizarlo al 100%. Noto un crecimiento en cuanto a mi escritura, a la forma de ejercitarla, analizarla y criticarla. He disfrutado de todo, incluso hasta del cansancio, he temido por mi cursada y la he remontado.
            Al mirar hacia atrás un impulso me lleva a mirar hacia delante, con ganas de seguir superándome, de cumplir al 100%, de encontrar nuevos desafíos, de desarrollar mas mis potencialidades y superar mis limitaciones. De seguir creciendo en esto que me apasiona que es escribir.

Florencia Paolella