domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Por qué si ella?


Me quedé estupefacta; no pretendía encontrarla, no allí. Pensar que me había marchado sólo para olvidarla, o mejor dicho, para poder pensar en ella las 24 hrs. del día sin necesidad de reprimirlo. Me sonrió a lo lejos y se sonrojó inmediatamente. Amaba ver como sus mejillas comenzaban a arder y colorarse. El hecho siempre ocurría cuando se sentía fuera de lugar y acompañaba esa expresión agachando la cabeza, pero nunca la mirada. Esa mirada que tantas veces recreaba en mi mente. Esa mirada sincera, que no guardaba rencores ni soberbias. Esa mirada coherente con todo lo que su pecho siente.
            La amaba, estaba perdidamente enamorada de ella. Era la primera vez que me ocurría algo así. Un amor tan distinto, tan transgresor, tan valiente y tan complejo. Cuando me dispuse a acercarme, se dio media vuelta y se marchó. Claro, no estaba lista aún para afrontarlo. Pero se había tomado la molestia de hacer acto de presencia en aquel lugar que tanto significaba para mí. ¿Con qué fin? Ya lo descubriría, o al menos, eso pensaba.
            El pueblito era pequeño, el centro: dispuesto en 8 manzanas enfrentadas me permitiría volver a verla. Me quedaban aún 2 días de estadía; seguramente ambos los pasaría con ella. El mar azotaba contra las rocas incesantemente. No, mejor dicho, insistentemente. El viento era la mejor compañía en aquella soledad absoluta. A lo lejos se oían risas. De golpe estaba invadida por un malestar generalizado, estaba irritable, odiaba que me interrumpieran personas ajenas aquellos momentos de estabilidad emocional, de relajación, de valoración y de reencontrarse con uno mismo.
            El sonido de las risas se hacia cada vez mas presente. Voltee hacia mi derecha. Era ella de la mano de una joven un tanto mayor que ella, y un tanto mayor que yo. Mi corazón dio un vuelco. Eran felices, reían, reían fuerte, bien fuerte; y yo, sentada en la playa buscando la estabilidad emocional para no recurrir al suicidio. ¡Qué injusto!
            Me distraje observándola, una enorme contradicción me atrapo entre sus garras. Amaba verla con el cabello suelto, revuelto, rizado, bien negro. La contemplé anhelándola, deseándola, queriéndola. Me había dispersado, ella estaba con otra y yo no podía dejar de amarla, dejar de extrañarla, no podía ni siquiera dejar de lado el amor por dos segundos para poder enojarme justamente. Estaba con otra en mi playa, estaba en mi playa- que alguna vez había sido nuestra- con otra y encima riendo. Riendo de la felicidad plena, del amor de pareja.
            Volví a experimentar la puja interna: odio-amor, amor-odio. Deseaba odiarla, pero no podía, quería amarla, de hecho la amaba, pero ¿De qué servía? Ella no me quería, no me extrañaba, esa sonrisa lo decía todo, me lo estaba diciendo allí mismo, en la playa, en MI playa, con el mar y el viento de testigo. Una nueva persona había hallado en la vida, una nueva persona que solo de ella sería. Y yo: sola, contemplando el mar, intentando visualizar el límite entre el cielo y el agua, intentando visualizar el límite entre el amor y el odio y no pudiendo encontrarlo.
            Todo había resultado cierto, aquellos rumores de pasillo, de que se la había visto acompañada de otra muchacha, todo había resultado cierto. Y yo negándolos hasta el hastío. No puede haberme olvidado, no a mí, algo debí haber significado. La noche en que ella se hizo tierra, entrelazándome a sus raíces. Esa noche en que se hizo agua, para saciar mi sed, aquella noche en que fue fuego, consumiendo hasta el último de mis leños, aquella noche que fue canción su dulce voz. Esa noche inolvidable, perfecta, esa noche que fue pura madre tierra. Su cabello enredado cual copa de árboles en primavera, enredado en mis manos hechas tierra. Mirándome con sus ojos tan oscuros como la misma noche, tan intensos como ella misma era. Esa noche que hizo de mí más que un canto de sirena. Esa noche que no fui yo y no fue ella.
            No podía haberme olvidado, no así de fácil, no podía amar a otra que yo no fuera. Yo no podía. ¿Por qué si ella?


Florencia Paolella


Proceso narrativo (final)


            Tal como comenté anteriormente, este trabajo resultó ser más difícil de lo que creí. Tal vez, porque lo entendí mal de entrada. Sin embargo, sigo considerando que es una consigna con la cual uno puede lucirse. De todos modos, no es mi caso particular.
            Mi proyecto inicial contemplaba tres capítulos. El primero sería el relato de una joven que decide dejarlo todo atrás por convicciones personales. El segundo, relataría el retorno de la muchacha a su hogar. La conexión especial que sentía con fenómenos que nunca antes había valorado, la nostalgia experimentada al regresar y notar el cambio gestado desde su ausencia; y cómo esto produce que se realice un quiebre interno en la personalidad de la joven, dado que quien se marcha pretende inconcientemente que todo perdure igual que el ultimo momento en que uno lo deja atrás, pero sin embargo, durante el retorno, uno se da cuenta de que eso es imposible cayendo así en una mezcla extraña y compleja de emociones. Finalmente, el tercer capítulo comprendería las reflexiones finales de la protagonista. La cual, una vez loca, perdida en la demencia, sólo podría comunicarse, vincularse y conectarse, mediante la sensación de libertad que el paisaje le brindaba. Todas sus relaciones personales habían sufrido una mutación. O tal vez, era ella quien había mutado. Motivo por el cual ya no había nada allí que la retenga, nada, excepto el viento, la tierra y el agua.
             Como se habrán dado cuenta, este proyecto narrativo, no fue más que un intento fallido. Debo confesar que me gustaba enormemente cómo había quedado; pero a su vez, reconocía sus limitaciones. Analizando mi proyecto narrativo junto a las coordinadoras del taller, caí en la cuenta de que lo que pretendía contar no estaba funcionando de la forma en que esperaba. Oí las sugerencias que se me hicieron, intenté llevarlas a cabo, pero nada lindo, poético ni narrativo se desprendió de ello.
            Como narré en mi autoevaluación, al escribir siempre pretendo que lo recreado me contente. Por esta razón decidí abandonar ese proyecto y sumergirme en otro comenzándolo de nuevo. Realmente frustrada, un tanto agotada, me dí cuenta de que esta consigna había sido, en lo personal, derrochada. No pude lucirme, tuve que contentarme con recrear una historia ficticia en la cual no encontraba ningún aspecto potencial para desplegar. Lejos ya me encontraba de disfrutarla, todo lo contrario, terminé pareciéndola.
            Las lecturas a las cuales, en su momento había acudido, para narrar mi primer intento de proyecto narrativo, fueron desde lo personal: Mario Benedetti, con sus libros Canciones del mas acá y Vientos del exilio. Desde lo académico, releí a Campbell, por recomendación de Emilia y visité el blog de una estudiante, por recomendación de Claudia. Nada de esto sirvió para que mi proyecto inicial sobreviviera concretando la consigna. En cuanto a mi proyecto definitivo, se puede decir, que sólo acudí a los blogs de mis compañeros.
            Dada ya por vencida, mi proyecto narrativo inicial, quedó archivado como un ejercicio, como un intento fallido. Fallido, pero que de todas formas sigo estando orgullosa; y el final, es un intento de ser, lo que no fue el anterior.

Florencia Paolella