domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Por qué si ella?


Me quedé estupefacta; no pretendía encontrarla, no allí. Pensar que me había marchado sólo para olvidarla, o mejor dicho, para poder pensar en ella las 24 hrs. del día sin necesidad de reprimirlo. Me sonrió a lo lejos y se sonrojó inmediatamente. Amaba ver como sus mejillas comenzaban a arder y colorarse. El hecho siempre ocurría cuando se sentía fuera de lugar y acompañaba esa expresión agachando la cabeza, pero nunca la mirada. Esa mirada que tantas veces recreaba en mi mente. Esa mirada sincera, que no guardaba rencores ni soberbias. Esa mirada coherente con todo lo que su pecho siente.
            La amaba, estaba perdidamente enamorada de ella. Era la primera vez que me ocurría algo así. Un amor tan distinto, tan transgresor, tan valiente y tan complejo. Cuando me dispuse a acercarme, se dio media vuelta y se marchó. Claro, no estaba lista aún para afrontarlo. Pero se había tomado la molestia de hacer acto de presencia en aquel lugar que tanto significaba para mí. ¿Con qué fin? Ya lo descubriría, o al menos, eso pensaba.
            El pueblito era pequeño, el centro: dispuesto en 8 manzanas enfrentadas me permitiría volver a verla. Me quedaban aún 2 días de estadía; seguramente ambos los pasaría con ella. El mar azotaba contra las rocas incesantemente. No, mejor dicho, insistentemente. El viento era la mejor compañía en aquella soledad absoluta. A lo lejos se oían risas. De golpe estaba invadida por un malestar generalizado, estaba irritable, odiaba que me interrumpieran personas ajenas aquellos momentos de estabilidad emocional, de relajación, de valoración y de reencontrarse con uno mismo.
            El sonido de las risas se hacia cada vez mas presente. Voltee hacia mi derecha. Era ella de la mano de una joven un tanto mayor que ella, y un tanto mayor que yo. Mi corazón dio un vuelco. Eran felices, reían, reían fuerte, bien fuerte; y yo, sentada en la playa buscando la estabilidad emocional para no recurrir al suicidio. ¡Qué injusto!
            Me distraje observándola, una enorme contradicción me atrapo entre sus garras. Amaba verla con el cabello suelto, revuelto, rizado, bien negro. La contemplé anhelándola, deseándola, queriéndola. Me había dispersado, ella estaba con otra y yo no podía dejar de amarla, dejar de extrañarla, no podía ni siquiera dejar de lado el amor por dos segundos para poder enojarme justamente. Estaba con otra en mi playa, estaba en mi playa- que alguna vez había sido nuestra- con otra y encima riendo. Riendo de la felicidad plena, del amor de pareja.
            Volví a experimentar la puja interna: odio-amor, amor-odio. Deseaba odiarla, pero no podía, quería amarla, de hecho la amaba, pero ¿De qué servía? Ella no me quería, no me extrañaba, esa sonrisa lo decía todo, me lo estaba diciendo allí mismo, en la playa, en MI playa, con el mar y el viento de testigo. Una nueva persona había hallado en la vida, una nueva persona que solo de ella sería. Y yo: sola, contemplando el mar, intentando visualizar el límite entre el cielo y el agua, intentando visualizar el límite entre el amor y el odio y no pudiendo encontrarlo.
            Todo había resultado cierto, aquellos rumores de pasillo, de que se la había visto acompañada de otra muchacha, todo había resultado cierto. Y yo negándolos hasta el hastío. No puede haberme olvidado, no a mí, algo debí haber significado. La noche en que ella se hizo tierra, entrelazándome a sus raíces. Esa noche en que se hizo agua, para saciar mi sed, aquella noche en que fue fuego, consumiendo hasta el último de mis leños, aquella noche que fue canción su dulce voz. Esa noche inolvidable, perfecta, esa noche que fue pura madre tierra. Su cabello enredado cual copa de árboles en primavera, enredado en mis manos hechas tierra. Mirándome con sus ojos tan oscuros como la misma noche, tan intensos como ella misma era. Esa noche que hizo de mí más que un canto de sirena. Esa noche que no fui yo y no fue ella.
            No podía haberme olvidado, no así de fácil, no podía amar a otra que yo no fuera. Yo no podía. ¿Por qué si ella?


Florencia Paolella


Proceso narrativo (final)


            Tal como comenté anteriormente, este trabajo resultó ser más difícil de lo que creí. Tal vez, porque lo entendí mal de entrada. Sin embargo, sigo considerando que es una consigna con la cual uno puede lucirse. De todos modos, no es mi caso particular.
            Mi proyecto inicial contemplaba tres capítulos. El primero sería el relato de una joven que decide dejarlo todo atrás por convicciones personales. El segundo, relataría el retorno de la muchacha a su hogar. La conexión especial que sentía con fenómenos que nunca antes había valorado, la nostalgia experimentada al regresar y notar el cambio gestado desde su ausencia; y cómo esto produce que se realice un quiebre interno en la personalidad de la joven, dado que quien se marcha pretende inconcientemente que todo perdure igual que el ultimo momento en que uno lo deja atrás, pero sin embargo, durante el retorno, uno se da cuenta de que eso es imposible cayendo así en una mezcla extraña y compleja de emociones. Finalmente, el tercer capítulo comprendería las reflexiones finales de la protagonista. La cual, una vez loca, perdida en la demencia, sólo podría comunicarse, vincularse y conectarse, mediante la sensación de libertad que el paisaje le brindaba. Todas sus relaciones personales habían sufrido una mutación. O tal vez, era ella quien había mutado. Motivo por el cual ya no había nada allí que la retenga, nada, excepto el viento, la tierra y el agua.
             Como se habrán dado cuenta, este proyecto narrativo, no fue más que un intento fallido. Debo confesar que me gustaba enormemente cómo había quedado; pero a su vez, reconocía sus limitaciones. Analizando mi proyecto narrativo junto a las coordinadoras del taller, caí en la cuenta de que lo que pretendía contar no estaba funcionando de la forma en que esperaba. Oí las sugerencias que se me hicieron, intenté llevarlas a cabo, pero nada lindo, poético ni narrativo se desprendió de ello.
            Como narré en mi autoevaluación, al escribir siempre pretendo que lo recreado me contente. Por esta razón decidí abandonar ese proyecto y sumergirme en otro comenzándolo de nuevo. Realmente frustrada, un tanto agotada, me dí cuenta de que esta consigna había sido, en lo personal, derrochada. No pude lucirme, tuve que contentarme con recrear una historia ficticia en la cual no encontraba ningún aspecto potencial para desplegar. Lejos ya me encontraba de disfrutarla, todo lo contrario, terminé pareciéndola.
            Las lecturas a las cuales, en su momento había acudido, para narrar mi primer intento de proyecto narrativo, fueron desde lo personal: Mario Benedetti, con sus libros Canciones del mas acá y Vientos del exilio. Desde lo académico, releí a Campbell, por recomendación de Emilia y visité el blog de una estudiante, por recomendación de Claudia. Nada de esto sirvió para que mi proyecto inicial sobreviviera concretando la consigna. En cuanto a mi proyecto definitivo, se puede decir, que sólo acudí a los blogs de mis compañeros.
            Dada ya por vencida, mi proyecto narrativo inicial, quedó archivado como un ejercicio, como un intento fallido. Fallido, pero que de todas formas sigo estando orgullosa; y el final, es un intento de ser, lo que no fue el anterior.

Florencia Paolella

domingo, 21 de agosto de 2011

El día en que volví (Tp narrativo primera y segunda parte)


El día en que volví….


1.     El día en que me fui…


El día en que me fui había sido totalmente distinto. El miedo me gobernaba de forma irrevocable. La ansiedad se apoderaba poco a poco de cada músculo de mi cuerpo. El equipaje estaba listo: 2 bolsos enormes imposibles de transportar acunaban mi vestuario, una caja pequeña custodiaba mi vajilla y una pequeña mochila cumplía el rol de compañera con documentación importante, plata y claro, el pasaje. Mi cabeza no paraba de pensar un minuto en la decisión que había tomado, en los motivos por los cuales estaba dejándolo todo. El arrepentimiento se asomaba de a ratos a observarme, para ver si me atrevía a pronunciar aquellas palabras que toda mi familia deseaba oír, pero era bruscamente censurado por una razonamiento mucho mas sólido: ¡Al menos intentalo!
            La terminal desbordaba de gente, mi familia en su totalidad estaban presentes, tristes, nostálgicos, algunos un tanto perdidos ante el hecho que estaba apunto de acontecer. 10 pares de ojos no hacían más que visualizarme. ¿Qué pensarían? Nunca podré saberlo. El colectivo llegó puntual, las lágrimas brotaron casi sin darme cuenta, qué manera de llorar, cuánta nostalgia, cuánto temor y qué poco entusiasmo e interés sentía ante lo nuevo. Mi cabeza hablaba en tono persuasivo:
-         Realmente no queres esto, ¿Qué estás haciendo? En un mes estás de vuelta.
Pero esa frase ya conocida me daba el pié perfecto para que mi otra Anita: corajuda, irracional y terca; se apodere de la palabra y se plante firme en la ocasión:
-         Bueno…si en un mes estás de regreso..¿Por qué no lo intentas al menos?, para volver hay tiempo, ellos van a seguir estando acá.
Me convenció, me atrapó inmediatamente. Besos a montones para cada uno, abrazos fuertes, tenaces expresaban el deseo de aferrarme y no irme, no sin ellos. Pero la Ana dominante me hacía soltarlos:
-         Llorá, llorá, pero nos vamos.
Mi mamá me tranquilizaba:
      -Vamos hijita, ya hay que subir.
Agradecía enormemente que ella me acompañara. Los primeros kilómetros fueron exclusivos del llanto, del remordimiento, del temor. Pero ya estaba en viaje, en viaje porque así lo había querido.
            Aunque los motivos argumentados ante mis padres no eran 100% sinceros y ya no me convencían, es más, nunca lo habían hecho, expresar la verdadera razón de mi demencia me hubiese imposibilitado para lograr asumir ese riesgo. El amor había sido siempre, desde el inicio, ese factor; pero para colmo, la relación se había terminado 3 meses antes de mi partida. ¿Cuál era mi motivo ahora? Si quería hubiese dado marcha atrás, pero no, eso daba la posibilidad de corroborar las especulaciones de los otros, certeras, pero inadmisibles para alguien como yo. “No me voy por él, me voy porque es la mejor universidad” Me había encargado de repetirlo hasta el cansancio, hasta creérmelo, hasta que los demás lo crean. ¡Qué ingenua! Cómo si no me conociesen?. Una mueca se dibuja en mi rostro ante el recuerdo arduo y profundo de la situación, ya lejana, añeja y distante. Pero continué recordando: ¿Cuál era entonces, mi nuevo motivo inconfesable? Claro, mantener mi palabra, mantener mi coherencia, eso ante todo y por más de que el mundo se venga abajo, sin eso no soy nada, palabra y coherencia:
-         No sos una mujer débil, no necesitas de otra persona, podés lograrlo sola. Sé coherente…
Mi cabeza fuera de control me daba los empujones que por lo general te dan los amigos… y así fue… estaba en viaje…


2. El día en que volví…


¿Qué significa irse, si no es para volver?, ¿Con qué vara medimos la distancia, si no es con la del retorno?, ¿Cómo sabemos que actuamos bien, si no volvemos para enfrentarlo?, ¿Qué significa irse, si no es para volver?


Paisaje:

La noche transcurría en medio del campo. Un infinito cielo negro cubierto de estrellas no hacía mas, que alentar a mi traviesa imaginación para que continuara reconstruyendo vivencias de mi pasado y las proyectara hasta el momento de mi llegada.            Necesitaba ver la alameda amarilla, totalmente amarilla, firme pero flexible adornando el camino a casa; protegiendo a las manzanas de los fuertes vientos patagónicos. Sabía incluso que cuando mi colectivo penetrara el arduo desierto, la meseta escalonada y los arbustos achaparrados ya me iría sintiendo de regreso.
Un tanto desvelada, posiblemente por la ansiedad de llegar pronto, no hacía más que imaginar y recordar. Visualizaba en mi mente la primera noche lejos de casa: me había acostado temprano, estaba cansada, me sentía sola, sabía que me deprimiría si me mantenía conciente mucho más tiempo. Por esta razón, había decidido acostarme temprano: para no pensar. La decisión certera no cumplió su prometido; pues esa noche no hubieron grillos, no hubo beso de buenas noches, no hubo aire fresco entrando por mi ventana, no estaba mi hermana durmiendo a mi lado, ni insistiendo que no me durmiera porque tenía ganas de charlar; no hubo viento, no hubieron árboles cantando durante toda la noche hermosas canciones de cuna, no había nada. Sólo, bocinas y frenadas de auto. Se me hizo imposible conciliar el sueño. Qué noche extraña, ajena. ¿Cuánto tiempo mas me tomaría?.
Decidí inmediatamente dejar de recordar los sucesos difíciles y revivir los lindos. Mirando hacia atrás muchos años de golpe me recordé feliz: tomando mates con amigos, compartiendo mucho tiempo con el que en ese momento era mi novio. Recordé anécdotas, recordé cuánto quería a esas personas, y me alegraba reconocer la suerte que había tenido de encontrar seres así.  De reflexión en reflexión, llegué a una conclusión: Nunca nada será perfecto, porque lo perfecto no es más que el deseo inalcanzable, pero incluso con todos los peros que podemos encontrar, la felicidad es realizable. Cuando la alcanzamos la vemos, la sentimos, la escuchamos. Cada vez que un amigo nos ceba un mate, cada vez que decidimos compartir tiempo con otro.
El viaje transcurrió así entre recuerdo y recuerdo. De vez en cuando lograba dormir un poco. Me despertaron para el desayuno. Miré hacia la ventana, ya estaba en el desierto. El cielo bastante iluminado, aún dejaba ver en el horizonte algunos rayos rojos y fucsias. Un escenario muy intenso, muy tenaz. Me tomé unos minutos para contemplarlo: tan bello, tan único, tan imponente, tan cotidiano en aquellos pagos y tan imposible en la ciudad. Es impactante como algo tan sencillo y común puede convertirse en algo sumamente anhelable. En algo relevante, a tal grado que incluso te hace sentir en familia.
Comencé a visualizar el fin de la meseta. Pero aún no había llegado al punto geográfico determinante. No había cruzado la frontera. No había transitado el puente que une al extraño del lugareño. De repente se abrió un brecha en medio del desierto, y ahí lo ví. El tan esperado valle se encontraba erguido, totalmente verde, con su tierra oscura, sus inmensos canales de agua, grandes alamedas contorneaban los cuadros de producción y los que estaban en reposo. Vivo, activo, alegre, curioso y trabajador valle. Que emoción el reencontrarte. Sin dudas estaba en casa.

Viento:

Imaginé el viento: golpeándome la cara, silbando canciones en mi oído, entrelazándome el cabello y llevándose consigo cualquier idea que transitara por mi mente en aquel momento.

Oh viento, tú que viajas de pueblo en pueblo
uniendo cantares de viejos,
oh viento, que te llevas contigo todo lo que puedes
todo lo que a capricho quieres.

Oh viento, que no envejeces nunca,
pero envejeces a tus rivales de ensueño,
enfureces al mar, al lago, al río,
erosionas a la sabia montaña,
y desgajas, desmembrando a cada árbol que ante ti se posa.

Oh viento, que me llevas contigo,
haciéndome música, en diversos oídos,
oh viento que me aclamas por lo bajo,
que no te abandone, oh, nunca,

Oh viento, que me despeinas el cabello,
que me envuelves el rostro para que ciega deambule tras tus pasos,
oh tú que me desvistes sin pedir permiso,
y me vuelves a disfrazas a tu antojo.

Oh viento, cuanto te elijo,
cuanto te sigo,
oh viento cuanto me cambias,
me dejas morir, para volverme a la vida,
oh viento, fiel compañero, yo también te aclamo que no me dejes nunca,
pues conmigo te llevo,
por mas de que no exista el viento en aquel sitio.







Tierra:

Imaginé el olor de la tierra, su cuerpo, su textura. ¿Cuántas tortitas de barro habíamos compartido juntas? Ese color tan oscuro que hasta te tiñe el alma. Tan inmóvil, tan insulsa, tan molesta, cuánta felicidad me provocaba tenerla. Sentir sus raíces atadas a mi ser, abrazadas a mi. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? ¿Cuántas charlas nos debíamos?

domingo, 14 de agosto de 2011

Proceso de escritura...


Difícil, esa es la palabra correcta. Una consigna mas que interesante para abordar, una clara oportunidad para lucirse escribiendo, pero realmente complicada. ¿Qué escribo?, ¿Cómo lo empiezo?, ¿Cómo lo termino?, ¿Qué digo en el medio? Miles de ideas revolotearon por mi cabeza durante largo tiempo. Recordé circunstancias vividas que me habían llegado a lo profundo de mí ser y que siempre habían deseado ser plasmadas en un papel. Pero no, no me llenaba, no era eso lo que quería recrear, no era eso lo que me daba seguridad, no era eso lo que iba a poder narrar de forma tal que la recreación  adquiera la caracterización que pretendía alcanzar. Continué pensando.
Los días se me escurrían velozmente, la desesperación me invadía, el rostro de la profe daba vueltas en mi mente. Que desesperación. Decidí relajarme, continuar pensando, sintiendo, sabía que algo encontraría. Y así fue, lo encontré. Un tema con el que estoy familiarizada un poco a la fuerza, un poco por ganas. Un tema que sentía merecía ser narrado, recreado, enunciado con profundidad y pasión, un tema que tocaría varios corazones, un tema que sin dudas estaba a flor de piel.
Comencé a planificarlo, a armarlo en mi mente de forma minuciosa, sabía qué recursos utilizar, qué palabras elegir, qué incluir y qué obviar. Pero tenía sus limitaciones, aún las tengo. Es por esta razón que sólo espero haberlas podido superar, haber narrado de forma tal que me llene a mí. Éste es siempre mi punto de partida, nunca escribir algo que sé que no me gusta, siempre escribir algo que sé que me hará sentir orgullosa. Algo que te llena el alma, es algo que no olvidamos nunca, eso busco cuando escribo, saber que no voy a poder olvidarlo.
Costó, costó mucho. No tanto la narración sino definir el tema. Mucho tiempo pasó mientras buscaba ese hecho, esa significación, esa metáfora viva que me brindara inspiración. Pero una vez que la encontré, decidí no dejarla ir. Una vez que la tuve allí frente a mis ojos, respirándola suavemente, sintiéndola como la mejor de las caricias, fue entonces allí, cuando me di cuenta, que esperar había valido la pena.
¿Crónica de viaje o relato del viajero? ¡Que pregunta!, aunque lo mas difícil es buscarle la respuesta. Bueno, luego de dar vueltas y vueltas en mi mente, de haberme sumergido a una introspección absoluta y muy profunda, he optado por el relato. Decidí arriesgarme con él porque imaginé que me sentiría más cómoda. Debo admitir sin embargo, que aún no me quedan del todo claro ninguno de los dos. Pero la apuesta con cualquier concepto es entenderlo a partir de la práctica, a partir de las apuestas y a partir de los errores. Es por esto que incluso con entusiasmo y un poco de temor, me encuentro aquí decidida a intentarlo.
El objetivo de mi trabajo será entonces analizar el viaje, pero no como se lo suele definir, sino en uno de sus aspectos mas perdidos de vista. El viaje analizado desde la perspectiva del exilio. El viaje no como un momento de placer y curiosidad sino, como única escapatoria, única alternativa, única forma de seguir garantizándonos la vida.
Su narración no será ficcional, sino realista. Imagino a esta altura que muchos de ustedes habrá encontrado en mi tema más de una limitación. ¿Cómo pretender narrar del exilio si no ha tenido la necesidad de exiliarse? Más aún ¿Cómo narrar del exilio de forma realista sin caer en lo ficcional cuando nada sabe esta mujer del exilio?. Pues entonces, ante estos interrogantes que claramente yo misma me he planteado, y a los cuales he encontrado por suerte la respuesta, es que les digo, que pensar el exilio sólo como decisión política es caer en una gran limitación. Exiliarse no siempre viene de la mano de esto. La definición es larga, con muchos puntos intermedios, con muchas aristas que desean ser descubiertas y profundizadas. Por este camino va mi apuesta. 
Se encontraran con citas, reflexiones, poesías, definiciones, entre otras cosas. Una carga simbólica importante intentare transmitir en cada línea. Pero serán ustedes quienes me dirán luego si logre transmitir y recrear esta apuesta. Pues mis sentimientos pueden ser intensos y significantes para mi, pero si no logro llegar a ustedes, entonces, este proyecto a sido en vano.
Finalmente, debo confesar que no tengo deseos de adelantarles mas datos acerca del mismo, solo quiero que el los descubra a ustedes, y ustedes se vean en el.


El día en que volví….(TP narrativo primera parte)

1.     El día en que me fui…


El día en que me fui había sido totalmente distinto. El miedo me gobernaba de forma irrevocable. La ansiedad se apoderaba poco a poco de cada músculo de mi cuerpo. El equipaje estaba listo: 2 bolsos enormes imposibles de transportar acunaban mi vestuario, una caja pequeña custodiaba mi vajilla y una pequeña mochila cumplía el rol de compañera con documentación importante, plata y claro, el pasaje. Mi cabeza no paraba de pensar un minuto en la decisión que había tomado, en los motivos por los cuales estaba dejándolo todo. El arrepentimiento se asomaba de a ratos a observarme, para ver si me atrevía a pronunciar aquellas palabras que toda mi familia deseaba oír, pero era bruscamente censurado por una razonamiento mucho mas sólido: ¡Al menos intentalo!
            La terminal desbordaba de gente, mi familia en su totalidad estaban presentes, tristes, nostálgicos, algunos un tanto perdidos ante el hecho que estaba apunto de acontecer. 10 pares de ojos no hacían más que visualizarme. ¿Qué pensarían? Nunca podré saberlo. El colectivo llegó puntual, las lágrimas brotaron casi sin darme cuenta, qué manera de llorar, cuánta nostalgia, cuánto temor y qué poco entusiasmo e interés sentía ante lo nuevo. Mi cabeza hablaba en tono persuasivo:
-         Realmente no queres esto, ¿Qué estás haciendo? En un mes estás de vuelta.
Pero esa frase ya conocida me daba el pié perfecto para que mi otra Anita: corajuda, irracional y terca; se apodere de la palabra y se plante firme en la ocasión:
-         Bueno…si en un mes estás de regreso..¿Por qué no lo intentas al menos?, para volver hay tiempo, ellos van a seguir estando acá.
Me convenció, me atrapó inmediatamente. Besos a montones para cada uno, abrazos fuertes, tenaces expresaban el deseo de aferrarme y no irme, no sin ellos. Pero la Ana dominante me hacía soltarlos:
-         Llorá, llorá, pero nos vamos.
Mi mamá me tranquilizaba:
      -Vamos hijita, ya hay que subir.
Agradecía enormemente que ella me acompañara. Los primeros kilómetros fueron exclusivos del llanto, del remordimiento, del temor. Pero ya estaba en viaje, en viaje porque así lo había querido.
            Aunque los motivos argumentados ante mis padres no eran 100% sinceros y ya no me convencían, es más, nunca lo habían hecho, expresar la verdadera razón de mi demencia me hubiese imposibilitado para lograr asumir ese riesgo. El amor había sido siempre, desde el inicio, ese factor; pero para colmo, la relación se había terminado 3 meses antes de mi partida. ¿Cuál era mi motivo ahora? Si quería hubiese dado marcha atrás, pero no, eso daba la posibilidad de corroborar las especulaciones de los otros, certeras, pero inadmisibles para alguien como yo. “No me voy por él, me voy porque es la mejor universidad” Me había encargado de repetirlo hasta el cansancio, hasta creérmelo, hasta que los demás lo crean. ¡Qué ingenua! Cómo si no me conociesen?. Una mueca se dibuja en mi rostro ante el recuerdo arduo y profundo de la situación, ya lejana, añeja y distante. Pero continué recordando: ¿Cuál era entonces, mi nuevo motivo inconfesable? Claro, mantener mi palabra, mantener mi coherencia, eso ante todo y por más de que el mundo se venga abajo, sin eso no soy nada, palabra y coherencia:
-         No sos una mujer débil, no necesitas de otra persona, podés lograrlo sola. Sé coherente…
Mi cabeza fuera de control me daba los empujones que por lo general te dan los amigos… y así fue… estaba en viaje…



martes, 2 de agosto de 2011

Carta a la comisión 52 (autoevaluacion)

Con el fin de realizar una autoevaluación de la cursada en la que todos formamos parte; me dirijo a ustedes para socializar mi balance personal.

            Cuando dejé la materia en el año 2010, supe de inmediato que no me volvería a anotar en la misma cátedra; por lo que charlando con amigos, me recomendaron inscribirme en la cátedra Reale. Al principio no quería porque sabía que la cursada y mis trabajos debían centrarse en el tema del “viaje”, lo cual provocaba un gran temor: no me imaginaba escribiendo todo un año en base a un mismo tema, no me creía lo suficientemente creativa como para poder concretar la cursada. Por suerte la realidad me mostró otra cara. El 15 de Marzo del año 2011 estaba rodeada de un grupo de compañeros bastante numeroso; Claudia se encontraba coordinando al grupo con mucha soltura y entusiasmo. La ronda de presentación fue muy amena y me dio la pauta de que la cursada sería distinta y productiva.

            Con el correr del tiempo encontré en la comisión grandes personas con las cuales pude compartir experiencias de vida, trabajos prácticos y muchos chistes y risas. Personas que merecen ser encontradas y con las cuales el tiempo se agota velozmente.

            Los trabajos fueron muy interesantes, algunos implicaron un desafío personal. En base a los primeros trabajos, me llamó mucho la atención cómo de una consigna se desprendían trabajos y consignas posteriores; me pareció algo muy ingenioso ya que nos permite analizar nuestros progresos o retrocesos en forma encadenada y continua, de un modo mucho mas visible y gráfico. Todo el primer cuatrimestre transcurrió con esa secuencia de consignas.

            En cuanto a la bibliografía de la materia, me pareció muy interesante, textos conceptuales claros y fáciles de abordar y corpus de cuentos, textos, relatos mas que interesantes al descubrir.

            La modalidad de corrección es sumamente apropiada, se nos permite defender nuestros trabajos y al comentarlos grupalmente se genera un proceso de aprendizaje más abarcativo. Vemos qué cosas no quedan claras en nuestros trabajos, cuáles llaman la atención o impactan, o cómo los personajes que creamos de forma inconciente adquieren cualidades que jamás habíamos pensado. Esto último me parece más que provechoso, estamos aprendiendo no sólo a escribir, sino también a leer y a “leernos” con el paso del tiempo. En cada proceso de escritura existe uno de lectura conjuntamente y viceversa.

            En cuanto a la cadena de blogs, superó mis expectativas aunque aún no me acostumbro a utilizarlo cotidianamente. Pero sin duda fue un claro avance frente a la caótica lista de mails de inicio de año.

            Ahora bien, una vez realizado el balance de las cuestiones más “operativas” de la cursada, debo comenzar con mi balance personal de escritura y lectura. Debo decir que con todos los trabajos aprendí algo, descubrí cosas, vi potencialidades y encontré limitaciones. Asumí desafíos y logré concretarlos, cometí errores de los cuales me hice responsable, intenté cumplir con todo lo que se me demandaba y exigía, pero no pude realizarlo al 100%. Noto un crecimiento en cuanto a mi escritura, a la forma de ejercitarla, analizarla y criticarla. He disfrutado de todo, incluso hasta del cansancio, he temido por mi cursada y la he remontado.
            Al mirar hacia atrás un impulso me lleva a mirar hacia delante, con ganas de seguir superándome, de cumplir al 100%, de encontrar nuevos desafíos, de desarrollar mas mis potencialidades y superar mis limitaciones. De seguir creciendo en esto que me apasiona que es escribir.

Florencia Paolella

sábado, 9 de julio de 2011

QUE NO TE VENDAN GATO POR LIEBRE: LA VIDA ES UNA PORONGA!!


Advertencia: Se recomienda no leer esta carta es estado de depresión o cuando uno es propenso a ella.

Aclaración: LOS HECHOS Y PERSONAJES DE ESTA HISTORIA SON FICTICIOS. CUALQUIER SIMILITUD CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA.


Y bueno…las cosas son así. No sólo para vos, también para mí, para todos. Basta salir a la calle para darse cuenta lo injusta que es la vida. Uno cree que nada puede salirnos peor, pero, lamentablemente, lamento tener que decir esto pero: SIEMPRE PUEDEN SALIR PEOR LAS COSAS. Esta carta no pretende desesperar ni deprimir a nadie, a lo sumo, tiene un único fin: mostrarte las miserias de la vida; pero acordate: Esto no sólo te pasa a vos, nos pasa a todos.
Cuando te equivocas una vez, lo primero que decís –después de putearte a vos mismo, durante prolongado tiempo- es: Esto no me vuelve a pasar. MENTIRA!!! Te va a volver a pasar una y otra vez porque el ser humano no cambia. Supera los obstáculos pero vuelve a tropezar ni bien tenga una nueva posibilidad de hacerlo. OJO!! No con intención, pero bueno…LA VIDA ES UNA MIERDA, por lo que seguramente te vuelvas a caer mas de una vez ante una situación parecida a la originaria.
Seguramente te deprimas, vas a querer soledad y, cuando la tengas, vas a buscar miles de respuestas en tu cabeza para poder explicar lo pelotudo/a que fuiste. Te tengo una noticia: ¡¡NO LAS VAS A ENCONTRAR!! Nada de lo que pienses  va a poder justificar los impulsos irracionales que te llevaron a actuar como un boludo/a. La única opción que te queda es resignarte y decir: ¡Bueno…estas cosas me pasan, porque realmente soy un pelotudo. Por pretender cosas que jamás ocurrirían!. En otras palabras porque: los dibujitos animados, las películas Yankees y las historietas de superhéroes, te hicieron creer que realmente lo eras, y que tus acciones podían derrotar a cualquiera. Sin duda, nos han cagado la vida.
BASTA DE INGENUIDAD!!, cuando sientas que estás para el culo, que no mereces estar así, que la culpa la debe tener otro…Bueno, yo te diría, respirá hondo: SOS UN INGENUO EMPEDERNIDO, TE MERECES ESTAR ASÍ POR IRRACIONAL Y LA CULPA NO LA TIENE NADIE MÁS QUE VOS…ASIQUE, DEJÁ DE INTENTAR CONVENCERTE DE QUE DEBE EXISTIR UNA EXPLICACIÓN MÁS ALLÁ DE NUESTRA PERCEPCIÓN, PORQUE NO LA HAY…
Si vos elegiste creer en las palabras de un chamuyero-chamuyera, para convencerte de que había cambiado, mientras que solo endulzaba tu oreja… ¿De quién es la culpa? ES TUYA.
Si decidiste meterte en una relación complicada, pretendiendo que deje de serlo y las cosas no salieron como esperabas… ¿De quién es la culpa? ES TUYA.
Si te mandaste la cagada mas grande de tu vida y no usaste forro, dejando a una chica “X” embarazada… ¿De quién es la culpa? ES TUYA.
Si traicionaste a tu mejor amigo porque te ganó la calentura… ¿De quién es la culpa? ES TUYA.
Dejemos de creer que la culpa la tiene otro…aclaro que las situaciones anteriormente detalladas, son sólo pequeñas y carecen de importancia comparadas con otras que seguramente, merecerían otras lecturas y análisis.
            Si esperabas encontrar en esta carta palabras lindas, optimistas, o una receta de cómo salir adelante o evitar sufrir: entonces te recomiendo que: CONTINÚES ESUCHANDO LOS CONSEJOS PELOTUDOS DE TUS AMIGOS. Como por ejemplo: él/ella no te merece, vos sos una persona buenísima….o .... tenés alto lomaso (en el caso de las chicas) o, sos una tormenta de facha (en el caso de los varones), por ende, vas a encontrar otra persona… o… la trillada y frustrada frase del : “ya va a llegar”. A todo esto te recomiendo: MANDARLOS BIEN A LA MIERDA Y DECIRLES: ¡LOCO….DEJAME SUFRIR!, DEJÁ DE MENTIRME O DE SUBESTIMARME… DESCUBRÍ QUE LA VIDA ES UNA MIERDA CUANDO A LOS 3 AÑOS, MI MEJOR AMIGUITO ME ROMPIO MI JUGUETE PREFERIDO…¿QUÉ TE PENSAS?? QUE NO LO SÉ?...SI SOS MI AMIGO CALLATE BIEN LA BOCA Y ACOMPAÑAME EN EL SUFRIMIENTO..PERO EN SILENCIO…OBLIGAME A BAÑARME, A DEPILARME, A MAQUILLARME Y SALGAMOS A AHOGAR LAS PENAS CON MUCHO ALCOHOL Y RESENTIMIENTO….
            Bueno…ahora lo más importante…vos estarás diciendo, esta mina esta loca, yo sólo quería saber cómo salir adelante… bueno… te tengo un dato importante: TUS PULMONES SIGUEN RESPIRANDO, TU CORAZÓN SIGUE LATIENDO…POR ENDE…LA VIDA SIGUE…DESPERTATE CADA MAÑANA ARRUINADO O ARRUINADA, CUMPLÍ CON LA PUTA RUTINA ESCLAVIZANTE, SI QUERÉS CARETEARLA Y MOSTRARTE FANTÁSTICO/A HACELO…TOTAL..CUANDO LLEGUES A TU CASA TE VAS A QUERER MATAR, VAS A SEGUIR HECHO MIERDA, VAS A SUFRIR, TE VAS A ODIAR POR PELOTUDO, VAS A AGARRAR UN TINTO PARA PODER DORMIR Y NO VA A DAR RESULTADOS. LAS PENAS…SON PENAS….EL DOLOR ..ES DOLOR… Y NADA VAS A PODER HACER MAS QUE SEGUIR VIVIENDO Y DARLE…TIEMPO AL TIEMPO….

La historia que no fué…


Caminábamos apuradas por Av. De Mayo, el frío de la mañana nos obligaba a despabilarnos. La charla era más que placentera, incluía recuerdos, proyectos, coincidencias y deseos. Casi sin darnos cuenta nos topamos con el sitio que buscábamos. Pensé hacia mis adentros: cuántas veces pasé por acá y no tenía idea que era la Secretaría de Cultura de la ciudad de Buenos Aires; me sentí un tanto ignorante pero olvide rápidamente ese pensamiento al encontrarme de golpe frente a una gran puerta. El edificio era estupendamente antiguo, hermoso, plenamente hermoso. Al contemplarlo, recordé la primera vez que había conocido la Capital: cuando venís del interior lo que mas te impacta es la arquitectura de la ciudad, sobre todo la de los edificios públicos. Un tanto sigilosas, caminamos despacio hacia el mostrador. Allí nos recibió un señor que atentamente escucho nuestras intenciones. Nos dirigió hacia un pequeño despacho, allí se encontraba la bibliotecaria y su ayudante. Detenidamente les planteamos nuestra gran incertidumbre, yo sentía que allí no encontraríamos “eso” que buscábamos. Las bibliotecas caían como cortinas, desde el techo hacia el piso, y ella revolvía y revolvía casi desesperada por encontrar un libro, que aunque fuera lo nombrara: -Espacio Cultural Carlos Gardel, le dijimos a coro, queda sobre la calle Olleros en el barrio de Chacarita, aunque se parece mas a uno de Belgrano. Nos acercó un libro.
            Un pequeño párrafo de no mas de 20 renglones precarios nos diría exactamente lo siguiente:

            “Un viejo depósito de principios de siglo XX, ubicado en Olleros 3640
devino en Centro Cultural, respondiendo a una iniciativa barrial,
analizada por el presupuesto participativo del año 2002. Cómo
consecuencia un ámbito unitario de gran altura, debió adaptarse a
distintos requisitos. Un sector debía alojar a un gran salón de usos
múltiples destinado básicamente a espectáculos y exposiciones con sus
correspondientes servicios de apoyo; otro debía destinarse a
aulas-taller y, un tercero a alojar dependencias administrativas para
manejos del centro y servicios al público. Fue objetivo de la
intervención conservar el noble carácter utilitario del edificio: un
galpón a 2 aguas rematado por un mojinete de mampostería que
constituye su fachada en Olleros. Dentro de este espacio de gran
altura se definieron 3 secuencias hilvanadas. Un entre piso delantero,
destinado a alojar las áreas administrativas en planta baja y los
talleres en el nivel superior, caracterizó a la primera secuencia del
acceso. El gran salón, define la segunda, dedicada a la realización
del espectáculo y exposiciones. La tercera corresponde al escenario y
sus servicios. Las obras se realizaran en 3 etapas.”

            Intenté concentrarme y decir, bueno al menos tenemos el proyecto edilicio original del Carlos Gardel. Se puede decir que surge de una iniciativa barrial, pero no podemos rastrear cuál fue esa iniciativa ni quiénes fueron sus actores. Se puede decir con que fines se planificó, pero no dar cuenta de ellos: si uno decide crear un Espacio Cultural con determinados fines, ¿Qué fue lo que desató esa iniciativa?, ¿Qué sucedía en el barrio de Chacarita?, ¿Qué le faltaba al barrio, que un espacio de estas características resolvería? No lo sabíamos. La bibliotecaria mientras tanto, buscaba y buscaba algo más amplio y extenso. Pero los libros no llegaban al año de su fundación, era muy escasa la información con la que contaban ellos y nosotras. Nos despacharon hacia otra oficina, allí nos encontramos con una mujer que sólo se limitó a darnos un volante, que por obra del destino estaba sobre su escritorio y justo hablaba del programa cultural del Carlos Gardel.
            Sin mas por hacer y resignadas ante aquella frustrante situación nos retiramos del edificio saludando y agradeciendo. Bueno, ahora saquemos una historia de la galera, pensaba para mi misma, mientras imaginaba una posible crónica que fuese decente para entregar. No se me ocurría nada. Volvimos a caminar por Av. de Mayo, nos relajamos, continuamos charlando y riendo, algo preocupadas por el trabajo, pero contentas de haberlo intentado. Nos separamos en el Subte.
-¡Te veo el martes loquita!!! ¡Cuídate!!
-Dale, dale, vos también. Hablamos.





lunes, 30 de mayo de 2011

Por eso hoy bailás (tp ficción 2)


Yacía inmóvil. Su mirada perdida no hacia más que observar sin ver el techo agrietado y amarillento de su habitación. Sus ojos eran pequeños, muy pequeños, quizás por el paso del tiempo. Los párpados caídos solo intentaban acallar esa mirada y así, olvidar  el delirio que transcurría secuencialmente por su cabeza poco lúcida. Las arrugas de su rostro se unían desde sus mejillas hasta sus sienes. Pero no era solo vejez lo que aquel rostro me mostraba, era también agonía, agonía por no poder volver a ser lo que una vez había sido. Un sueño dejado en el olvido puede ser potencialmente peligroso cuando uno está caminando casi muerto por la vida.
            Quién sabe cuántos caminos recorría su mente en aquel momento, cuántos recónditos lugares estaba viendo. No podía descifrar su secreto, sólo podía percibir que era intenso. Mientras caminaba por el pasillo para acercarle sus medicamentos logré visualizar su silueta luchando consigo misma para poder ponerse en pié. Esperé unos segundos para ver si requería de mi ayuda, pero ese hombre logró erguirse al cabo de unos minutos. Arrastrándose poco a poco se dirigió hacia la sala. Posó su mano suavemente sobre el añejo tocadiscos. Cerró los ojos, su pulso tembloroso no hacía más que sentir, sentir esa contextura como si fuese el cuerpo de una mujer muy amada. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Permanecía en silencio, pero esta vez recordando, soñando, volviendo a ser eso que una vez  había sido.
            Sabía qué era eso que sus oídos querían oír, por eso sigilosamente coloqué el disco, casi no percibió mis movimientos. Un tango comenzó a sonar con un bandoneón de fondo. Fue allí cuando sus ojos se abrieron como nunca antes, en mucho tiempo, había podido observar. Un aire rejuvenecedor paseó por su rostro. Se corrió  unos pasos hacia atrás, y lentamente comenzó a bailar.
            La baldosa era casi impecable. Sus pasos discontinuos se movían lentamente por el piso de la sala. El tango no dejaba de sonar, y él no dejaba de reír. Reía como un joven extasiado ante la vida. Continuó bailando, en silencio, pero bailando, feliz, pero en silencio. Luego lo acompañé hacia su cuarto. Yacía inmóvil, sus ojos lentamente se cerraron, pero esta vez, nunca jamás se abrieron.

“Por eso hoy bailás, y bailás emocionado,
dibujando una baldosa en un tango de salón,
sonriendo ante el pasado,
al ritmo del bandoneón”


Florencia Paolella
           

domingo, 29 de mayo de 2011

Dibujando la baldosa en un tango de salón (tp ficción 1)

Ya casi moribundo estabas recostado,
soñando con aquello que antes ocurrió,
bailando sin cansancio, llorando de pasión,
dibujando la baldosa en un tango de salón.

Así te despertaste, eufórico e impaciente,
con ganas de volverte tan joven como aquél,
pero el cuerpo cansado pedía insistente,
que olvides ese sueño que ya no puede ser.

Pero vos no querías olvidar el pasado
y jugando con tu cuerpo, no te dejaste vencer.

Por eso hoy bailas y bailas emocionado,
dibujando la baldosa en un tango de salón,
sonriéndole al pasado, al ritmo del bandoneón.

Las lágrimas te brotan, nostálgicas, vivaces,
recordándote el momento en el que te dejaste vencer,
pero tu mueca gana, burlándose de vos,
tan viejo y moribundo, en un tango de salón.

Por eso hoy bailas y bailas emocionado,
dibujando la baldosa en un tango de salón,
sonriéndole al pasado, al ritmo del bandoneón.

Tangos para la inspiración


Al compás de un tango (letra: Oscar Rubens música: Alberto Suárez Villanueva)

Dejate de locuras, muchacho,
pensá bien lo que haces.

Me han dicho que te han visto borracho

Llorando por una mujer...

¡Como el dolor te ha cambiado,

que ya no sos el de ayer!

Volvé pa' la milonga,

que un fuelle rezonga

como llamándote.


Al compás de un tango

la habrás de olvidar,

con una pebeta

que sepa bailar,

una piba buena

que, al mirar tus ojos,

comprenda la pena

de tu corazón.


Al compás de un tango

habrás de encontrar

a esa mujercita

sincera y leal,

y veras, un día,

lleno de alegría

a la que lloraste

ni recordarás.


Dejate de locuras, muchacho,

tenés que reaccionar.

El hombre debe ser de quebracho

pa' resistir el mal.

Si esa mujer te ha hecho daño

perderla ha sido mejor.

Volvé pa' la milonga,

que un fuelle rezonga,

pa' darte más valor.

Así se baila el tango (letra: Marvil (Elizandro Martinez Vilas) música: Elías Randal)

¡Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas!
¡Qué saben lo que es tango, qué saben de compás!

Aquí está la elegancia. ¡Qué pinta! ¡Qué silueta!

¡Qué porte! ¡Qué arrogancia! ¡Qué clase pa'bailar!

Así se corta el césped mientras dibujo el ocho,

para estas filigranas yo soy como un pintor.

Ahora una corrida, una vuelta, una sentada...

¡Así se baila el tango, un tango de mi flor!


Así se baila el tango,

Sintiendo en la cara,

la sangre que sube

a cada compás,

mientras el brazo,

como una serpiente,

se enrosca en el talle

que se va a quebrar.

Así se baila el tango,

mezclando el aliento,

cerrando los ojos

pa' escuchar mejor,

cómo los violines

le cuentan al fueye

por qué desde esa noche

Malena no cantó.


¿Será mujer o junco, cuando hace una quebrada?

¿Tendrá resorte o cuerda para mover los pies?

Lo cierto es que mi prenda, que mi "peor es nada",

bailando es una fiera que me hace enloquecer...

A veces me pregunto si no será mi sombra

que siempre me persigue, o un ser sin voluntad.

¡Pero es que ya ha nacido así, pa' la milonga

y, como yo, se muere, se muere por bailar!

Bailarín compadrito (letra y música: Miguel Bucino)


Vestido como dandy, peinao a la gomina
y dueño de una mina más linda que una flor,

bailás en la milonga con aire de importancia,

luciendo la elegancia y haciendo exhibición.


Cualquiera iba a decirte, che, reo de otros tiempos,

que un día llegarías a rey de cabaret,

que pa' enseñar tu corte pondrías academia...

Al taura siempre premia la suerte que es mujer.


Bailarín compadrito,

que floriaste tu corte primero,

en el viejo bailongo orillero

de Barracas al sur.


Bailarín compadrito,

que quisiste probar otra vida,

y al lucir tu famosa corrida

te viniste al Maipú.


Araca, cuando a veces oís La Cumparsita

yo sé cómo palpita tu cuore al recordar

que un día lo bailaste de lengue y sin un mango

y ahora el mismo tango bailás hecho un bacán.


Pero algo vos darías por ser sólo un ratito

el mismo compadrito del tiempo que se fue,

pues cansa tanta gloria y un poco triste y viejo

te ves en el espejo del viejo cabaret.


Bailemos (música: Pascual Mamone letra: Reinaldo Yiso)


No llores, no muchacha, la gente está mirando
bailemos este tango, el tango del adiós...

así entre mis brazos, mirándote a los ojos

yo quiero despedirme sin llanto y sin dolor...

La vida caprichosa nos puso frente a frente

prendiendo en nuestro pecho la hoguera de un querer,

mas hoy, la misma vida nos manda separarnos

el sueño de querernos, ya ves, no puede ser...


Bailemos

como antes, cariñito,

abrazados, bien juntitos,

sólo un alma entre los dos...

Bailemos

que no vea en tus pupilas

una lágrima furtiva,

ni una sombra, ni un dolor...

Bailemos

que después ya sin tus ojos

he de arrancar un sollozo

por mi amor y por tu amor...

Siempre

estarás en mi desvelo

¡como una estrella en el cielo

prendida en mi corazón!


No intentes rebelarte, lo nuestro es imposible,

un sueño irrealizable que nunca floreció,

qué importa que nos una un mismo sentimiento

y encienda nuestras almas la antorcha del amor...

Que tengas mucha suerte, que Dios no te abandone,

yo sé que a mí me espera la eterna soledad,

no tiembles en mis brazos, te ruego me perdones,

el tango ya termina... salgamos a llorar...

lunes, 16 de mayo de 2011

La comparsita (espacio cultural Carlos Gardel, primera vez)


            La noche estaba agradable, un tanto silenciosa para mi gusto, pero, por lo menos no hacía frío.          El sonido de nuestros pasos se hacía cada vez más notorio. Ambas caminábamos sin rumbo, la dirección de destino había quedado sobre la mesa de la cocina. Prestando inmensa atención a las calles continuábamos caminando sumergidas en una charla placentera. De golpe y sin darnos cuenta vimos sobre nuestras cabezas las banderas que nos marcaban la entrada principal.
            Ya en el lugar, agradecidas de haberlo encontrado, y más aún, de encontrarlo abierto, comenzamos a inspeccionar. El hall de entrada era oscuro, con escasa iluminación; grandes sillones de cuero dispuestos en forma rectangular cautivaron particularmente mi atención. A nuestra derecha, una pequeña exposición de cuadros y detrás de ella, una especie de muestra de diseño de ropa diminutos.  Un gran telón negro nos tentaba a ingresar hacia el otro lado. Un tango de fondo y numerosas parejas bailando, incitaron de definitiva a nuestra traviesa curiosidad; por lo que sin proponerlo, ambas nos encontrábamos en una gran sala, que en ese momento, era de baile.
            Un escenario amplio con una gran pantalla a su lado llamaba rotundamente la atención. Aunque al cabo de unos segundos, pasaron a segundo plano. El sonido de los zapatos al ras del suelo alisado, las posturas de las parejas, el silencio que entre ellos predominaba, y las expresiones de sus rostros al escuchar la música, pasaron a ser el centro de la escena. Figuras añejadas con delicados movimientos, aunque un tanto desarticulados por la vejez, invadieron mi mente. El atuendo de todos oscilaba en el color negro, salvo algunas excepciones. La presencia de 2 o 3 parejas jóvenes pasaba inadvertida al contemplar la edad predominante. Una mano temblorosa, quizás por alguna enfermedad, sujetaba con firmeza la cintura de la señora. Esa imagen fue más que simbólica: que nada te impida seguir bailando, pensé en mis adentros. Miradas nostálgicas con lágrimas que se asomaban pretendiendo saludar: ¡Quién sabe cuántos recuerdos gobernaban la mente de aquél señor!.
            Comencé a fantasear una historia de amor entre tango y tango. Una mujer de edad avanzada acercándose a bailar. Un caballero solitario y bien apuesto, la invitaba a bailar, para luego sumergirse en el amor y la pasión, para así envejecer juntos. Una vez recreada la historia, tuve el privilegio de presenciar un cortejo. Un caballero delgado, de figura esbelta miraba con detenimiento a cada señora que permanecía sentada. Al visualizar a la cual era de su agrado, se acomodó el pañuelo que sobre su cuello se posaba; y con paso lento y una postura rígida, caminó hacia ella. Posó su mano delante de sus ojos. Cuando la dama levanto la mirada, el caballero de forma brusca levantó el mentón indicando con sus ojos la pista de baile. Ella tomó su mano y  comenzaron a bailar. Mi corazón latía emocionado ante aquella situación. El sonar de los pies expresaban más que una melodía agradable, llenaban el aire de vida, de nostalgia, de pasión.
            Ya por finalizar el ensayo, un joven reclamó la comparsita, y con ese tema, siguieron bailando calladamente hasta el final.