lunes, 16 de mayo de 2011

La comparsita (espacio cultural Carlos Gardel, primera vez)


            La noche estaba agradable, un tanto silenciosa para mi gusto, pero, por lo menos no hacía frío.          El sonido de nuestros pasos se hacía cada vez más notorio. Ambas caminábamos sin rumbo, la dirección de destino había quedado sobre la mesa de la cocina. Prestando inmensa atención a las calles continuábamos caminando sumergidas en una charla placentera. De golpe y sin darnos cuenta vimos sobre nuestras cabezas las banderas que nos marcaban la entrada principal.
            Ya en el lugar, agradecidas de haberlo encontrado, y más aún, de encontrarlo abierto, comenzamos a inspeccionar. El hall de entrada era oscuro, con escasa iluminación; grandes sillones de cuero dispuestos en forma rectangular cautivaron particularmente mi atención. A nuestra derecha, una pequeña exposición de cuadros y detrás de ella, una especie de muestra de diseño de ropa diminutos.  Un gran telón negro nos tentaba a ingresar hacia el otro lado. Un tango de fondo y numerosas parejas bailando, incitaron de definitiva a nuestra traviesa curiosidad; por lo que sin proponerlo, ambas nos encontrábamos en una gran sala, que en ese momento, era de baile.
            Un escenario amplio con una gran pantalla a su lado llamaba rotundamente la atención. Aunque al cabo de unos segundos, pasaron a segundo plano. El sonido de los zapatos al ras del suelo alisado, las posturas de las parejas, el silencio que entre ellos predominaba, y las expresiones de sus rostros al escuchar la música, pasaron a ser el centro de la escena. Figuras añejadas con delicados movimientos, aunque un tanto desarticulados por la vejez, invadieron mi mente. El atuendo de todos oscilaba en el color negro, salvo algunas excepciones. La presencia de 2 o 3 parejas jóvenes pasaba inadvertida al contemplar la edad predominante. Una mano temblorosa, quizás por alguna enfermedad, sujetaba con firmeza la cintura de la señora. Esa imagen fue más que simbólica: que nada te impida seguir bailando, pensé en mis adentros. Miradas nostálgicas con lágrimas que se asomaban pretendiendo saludar: ¡Quién sabe cuántos recuerdos gobernaban la mente de aquél señor!.
            Comencé a fantasear una historia de amor entre tango y tango. Una mujer de edad avanzada acercándose a bailar. Un caballero solitario y bien apuesto, la invitaba a bailar, para luego sumergirse en el amor y la pasión, para así envejecer juntos. Una vez recreada la historia, tuve el privilegio de presenciar un cortejo. Un caballero delgado, de figura esbelta miraba con detenimiento a cada señora que permanecía sentada. Al visualizar a la cual era de su agrado, se acomodó el pañuelo que sobre su cuello se posaba; y con paso lento y una postura rígida, caminó hacia ella. Posó su mano delante de sus ojos. Cuando la dama levanto la mirada, el caballero de forma brusca levantó el mentón indicando con sus ojos la pista de baile. Ella tomó su mano y  comenzaron a bailar. Mi corazón latía emocionado ante aquella situación. El sonar de los pies expresaban más que una melodía agradable, llenaban el aire de vida, de nostalgia, de pasión.
            Ya por finalizar el ensayo, un joven reclamó la comparsita, y con ese tema, siguieron bailando calladamente hasta el final.

 

2 comentarios:

  1. Qué bueno que en la primera vez tuvieron la oportunidad de presenciar un evento! Me gustó mucho como describís, no solo lo que te sucedía a vos internamente al estar ahí, sino también lo que les podría estar ocurriendo a los bailarines. La parte subjetiva me parece que la expresas muy bien, pero me quedé con ganas de que apareciera más lo objetivo(el lugar, donde era, etc.). Esperaré a leer la crónica así me entero más.
    Saludos!

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  2. Hola Florencia,

    "Una mano temblorosa, quizás por alguna enfermedad, sujetaba con firmeza la cintura de la señora." Me gustan mucho las imágenes que traés. A nuestra generación el tango le suena un poco a viejo. Pero a la vez, la danza se asocia a la pasión, la seducción, los bajos fondos y en ese sentido, pensar en ancianos bailando es...extraño.

    Quizás por ese prejuicio de que la pasión a esa edad es un poco como ese dicho que dice "A la vejez, viruela". Me parece un tema interesante para escribir y pensar, tanto desde la argumentación como desde la ficción.

    Se me ocurre una película que te podría servir, aunque poco tenga que ver con el tango: Wolke 9, de Andreas Dresen. Tematiza el amor/erotismo en la tercera edad. Estuvo en el BAFICI hace unos años. Fijate si la podés conseguir.

    Saludos!

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