lunes, 9 de mayo de 2011

El naufragio (tercera versión)

 
Casi no podía creerlo. La flota mas poderosa de la historia de Inglaterra se hundía con facilidad por una tormenta. De los casi 300 barcos que la componían, sólo quedaron a flote unos 190. Haber sido testigo de esa situación fue catalogado luego, como un privilegio histórico. Lamento tener que discrepar con esa afirmación, lejos de haber sido un privilegio, yo lo experimenté desde su inicio como una tragedia. Sólo después de muchos años logré sentir satisfacción con aquel episodio.
            El relato debía ser perfecto, por eso estaba allí. La tormenta se sentía próxima, pero nadie esperaba aquel final. Debíamos describir los primeros momentos de la guerra. Detrás de nosotros toda una Nación aguardaba la verdad. Mis manos temblorosas dejaron caer el lápiz que en tantas aventuras me había acompañado. Mi anotador, amarillento por los años, quedo vacío, no había ninguna línea que lo acompañe. Las olas sacudían los barcos como si fuesen marionetas de tela, flexibles y dóciles. El agua, tan serena, pura y refrescante se levantaba sobre si misma con un color negro intenso, como si estuviese llena de ira. Mis ojos que no podían darse el lujo de parpadear, intentaban entender las razones del océano para arrastrar a sus profundidades tanta cantidad de madera, sogas y personas. En ese momento, mi cabeza no dejaba de pensar en una frase tan vieja como el hecho mismo que intento narrar: “La naturaleza sabe defenderse de la maldad de los hombres”. No entendía bien porqué no podía dejar de pensar en eso. No encontré las razones en ese momento, quizás porque no las estaba buscando.            Los tripulantes de la flota, aquellos que habían permanecido a salvo, nada podían hacer por sus compañeros. Sabían que si regresaban por  ellos, el océano furioso los recibiría con un abrazo lleno de muerte. Mástiles, proas, popas, remos, velas, barcos salvavidas, todo estaba hecho trizas, caían de una lado al otro, aplastando a los tripulantes y a los demás barcos próximos. ¿Cómo podía actuar en esa situación? Nada podía hacer, los pocos que experimentábamos el naufragio ni siquiera hablábamos entre nosotros, estábamos estupefactos ante ese episodio casi imposible de contar.
            Desde inicios de 1800, Inglaterra, había conformado la flota mas poderosa de la historia. Tras recorrer 130 años victoriosos por el océano: ¿Cómo era posible que una tormenta los venciese? Sin duda el mar no quería ser testigo nuevamente de las batallas feroces que sobre él se levantaban. Mas allá del hecho de naufragar tan común en aquella época, el suceso era mas abarcativo y simbólico que el naufragio mismo. La armada mas reconocida del mundo estaba siendo acabada, destrozada. El océano se había convertido en un rival imposible de vencer y les quitaba a los ingleses cualquier posibilidad de rearmarse. Para muchos de nosotros eso significó un respiro, pero era casi imposible de comprender cómo esos barcos, símbolos de tantas conquistas y triunfos históricos habían podido ser acabados por un fenómeno natural.
            Luego de ese análisis, fue que lo comprendí todo. “La naturaleza sabe defenderse de la maldad de los hombres”. La Inglaterra poderosa, con su flota inigualable nada podía hacer en cuanto al océano dominante. Haber decidido atacar incluso, cuando nuestra piel sentía próxima la tormenta, fue una subestimación muy grande para aquel océano furioso. No eran asuntos del mar cargar con las almas que allí quedaban. No era su función llevárselas al fondo y tenerlas a sus pies. El mar no quería sentir como los cuerpos tibios se tornaban fríos. El mar no quería tocar, ver, oler ni escuchar los gritos, los tiros, la sangre, los cuerpos que sobre él pasaban moribundos. El mar no quería ser utilizado para un fin como la muerte. Las aguas preferían teñirse de negro, en lugar de rojo. Preferían ser partícipes de una batalla justa en lugar de una injusta. Preferían acabar ellas con un problema que las acechaba cotidianamente, en lugar de esperar  que otros terminen con tanta maldad. El color negro del mar, es el color de él mismo, pero el color rojo de la sangre derramada,  no era una opción que el océano pudiese negociar.

1 comentario:

  1. Tengo una pregunta, esta es la primera o la segunda versión? Por lo que leí cuando nos mandábamos los textos al mail, me parece que esta es la primera.
    La historia me parece interesante, de todas maneras yo la hubiera reducido un poco porque considero que esta muy bien narrada, pero que puede llegar a irse de tema o confundir respecto del mensaje final o la conclusión a la cual querías llegar(“La naturaleza sabe defenderse de la maldad de los hombres”). Espero que sirve el comentario :)
    Beso!!

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