Corrimos a la cama. De un salto estábamos ambas tapadas hasta el cuello por las sábanas. La ventana abierta, dejaba entrar el aire fresquito de la noche. Una al lado de la otra, comenzamos a leer. Era la primera vez que juntas leíamos el mismo libro. Mencionamos el título en voz alta, y luego nos sumergimos cada una en una lectura silenciosa. Las primeras páginas no significaron ningún problema, pero luego de leer dos hojas llegó el momento esperado: debíamos ponernos de acuerdo para elegir el futuro de nuestra historia. Ambas éramos las protagonistas, el personaje principal nos despertaba cosas distintas, pero a su vez éramos las dos la misma persona. Una ola gigante había sacudido nuestro barco a las profundidades del océano. Nuestros amigos luchaban por su vida junto a nosotras; por lo que, una decisión errónea nos conduciría a la muerte. Comenzaron las negociaciones, luego de un par de minutos elegimos la misma opción y la historia continuó.
La ansiedad que experimentábamos se sentía como un frenesí incontrolable. Esas noches de verano parecían no tener hora límite para irnos a dormir. Después de toda una tarde de juegos y luego de la cena, el ritual de leer juntas se tornaba necesario e impostergable. Todo el verano mamá nos había llevado a las tres hermanas a la biblioteca para que escogiéramos un libro que nos llene de satisfacción. Ya habíamos elegido libros de una misma colección; la diferencia radicaba en que resultaban ser continuaciones de una misma historia: tomo uno y tomo dos. Pero, esa vez, ese libro, significaba mas para cada una. Lo habíamos encontrado en un estante polvoriento de la biblioteca de nuestro hermano. No era una de las historias de terror que habíamos leído anteriormente, era una historia de aventuras y, además de eso, nos daba la oportunidad de elegir el rumbo de la historia en cada página. Nuestro deseo de ser héroes y protagonistas se cumplía realidad con tan solo leer el título: Supervivencia en el mar. Elige tu propia aventura.
La lectura de la historia se nos escurría entre las manos, no era un libro largo pero, además, el entusiasmo que experimentábamos conjuntamente provocaba una lectura veloz. La decepción nos invadió de repente cuando, una noche, tomamos una decisión equivocada. Estábamos ahogándonos sin poder recurrir a nadie. Nos tomó unos minutos asimilar el trágico final. Cerramos el libro, nos miramos unos segundos y sin necesidad de hablar, lo abrimos otra vez pero para empezarlo de nuevo.
Flor! Me gustó mucho tu relato, porque es bastante diferente al mio y a muchos otros. Es distinto en primer lugar, porque contás una verdadera historia que es muy atrapante. Desde el comienzo hasta el final vas trazando un recorrido muy interesante. Algo que me pareció bastante curioso, es que es en plural, es decir no contás solo cómo vos te sentías y cómo era esa experiencia de lectura, sino que también incluís a tus hermanas en ella. Incluso desde el título, planteas que se trata de una lectura conjunta. Eso es básicamente lo que me llamó la atención de este relato. Tiene mucha pasión y me parece que ESE momento no era algo más en tu(sus) vidas, sino que tenía un importante valor.
ResponderEliminar