Las banderas en alza, que nunca se bajen, que se mantengan en el aire. La calle es nuestra, es de todos, es del pueblo. Y como bien sabemos, cuando se toca al pueblo, cuando se lo lastima, se lo hiere, se lo despoja, el pueblo se levanta. Se levanta para hacerse escuchar, para hacerse ver, para hacerse una totalidad. Una totalidad que a paso de miles de hombres y mujeres, camina. Avanza lento, con calor, con frío. Avanza y sigue avanzando. No se detiene ni aunque las balas le rocen la pierna, el brazo, la cara. No se detiene ni con gases, ni culatazos. No se detiene aunque lo repriman una y mil veces. Cuando se sale a la calle se sale para pelearla, para ganarla, para vivirla. Y aunque sabemos que lo que nos espera puede ser feo, doloroso e injusto, seguimos caminando.
La calle no es sólo asfalto. La calle nos sostiene, nos apoya. Ella celebra junto a nosotros. Canta al ritmo de los tambores, de los redoblantes y de los zurdos. Quieta, constante y sin gracia, baila y no para de bailar por un segundo. Se deja vestir de todos los colores: rojo, naranja, negro, amarillo. Nunca tiene problemas, no hace falta pedírselo. Los aerosoles le dibujan el cuerpo, le hacen cosquillas. Pero ella aún inmóvil nos regala y se dibuja una sonrisa. Sonrisa que parece mueca, pero que es sonrisa.
Cuando se sale a la calle, el pecho nos golpea fuerte. Vemos, oímos, escuchamos, pensamos y hablamos. Elaboramos conjeturas, discutimos, afirmamos, negamos. También nos indignamos, nos preocupamos, lloramos, corremos, huimos. Pero al otro día, al mes, al año, volvemos a reunirnos. ¿Por qué será que no podemos dejarlo? Será tal vez porque aprendimos que defender una idea, una lucha, una causa, es lo que únicamente nos hace libres? Desde chica afirmé que no hay nada más poderoso que la palabra. Nuestros pensamientos, nuestras ideas, son prisioneras de ellas. Si el hombre tiene que diferenciarse del resto, lo puede hacer a través de su cuerpo, pero no hay nada más absoluto que diferenciarse por las ideas. Ideas que se parecen a algunas otras, que se juntan, que se complementan, que se hacen una. Ideas que crecen y maduran, que pasan de boca en boca, pero no de teoría en teoría, sino de práctica en práctica. Ideas de unos, pero pensando en un todo. Ideas que rompen la individualidad de uno mismo, y se construyen en la praxis, en un ideal colectivo. Un ideal que nos hace levantarnos, que nos hace despertarnos, que nos hace poner el cuerpo, aunque muchas veces salga herido. ¿Qué sé de eso? Sabré tal vez que la idea sin el cuerpo no es más que una idea. Sabré que el cuerpo es quien la lleva. Sabré que el cuerpo a diferencia de la idea, puede ser fusilado, aunque la calle me sostenga. Sabré que el cuerpo es un blanco seguro. Sabré que si me tiran a la cabeza, me matan en un segundo. Sabré que cada calle tiene su mancha de sangre.
Tal vez no lo entiendan ahora, tal vez no les importe o interese. Para entenderlo hay que vivirlo. Y para vivirlo hay que hacerlo. Todo es un proceso. Un proceso que por la fuerza, no conduce a ningún camino. Un proceso que debe ser elegido. Pero que sólo podrá ser elegido, cuando uno sea conciente, que sin ese proceso, no nos queda otro camino. Un proceso que debe reconocerse como legítimo. Un proceso que se asume a través del compromiso. Un proceso que nace, desde la necesidad de uno mismo. Proceso que no es más, que IDEAS…CUERPO…Y ….CAMINO!!!!.

















Muy emocionante.
ResponderEliminarEs muy visual, hay un par de imagenes que me gustaron mucho.
Abrazo.