lunes, 9 de mayo de 2011

¿Quién dijo que es fácil? historia de un proceso de escritura.

Todo comenzó muy difuso. Los primeros trabajos habían nacido solos, pero esta vez era distinto. Había narrado una historia breve, una historia que aún no entiendo de dónde surgió. Lo había arriesgado todo. Me remonte a tiempos, que solo conocía por los libros de historia. Narraba un suceso que no tenía origen en si mismo, y que a su vez carecía de fin. ¿Qué había hecho? ¿Por qué se me había ocurrido narrar aquello? Lejos estaba de la respuesta, y mas lejos aún lo estoy en este momento.
            Por esas casualidades de la vida, mi trabajo había tenido buenas críticas, como así también muchas sugerencias. Llegué a casa pensando en cómo crear aquello que le faltaba, cómo darle mas sentido que el que tenía, cómo jugar con la temporalidad sin quedar atrapada en ella. No fue fácil. La verdad, fue muy difícil. Cada vez que escribo, lo hago con entusiasmo y dedicación, solo necesito pensar por 10 minutos en aquello que quiero contar, en aquello que deseo mostrar, y luego el lápiz se mueve solo. Aquella vez, no sucedió lo mismo. Estaba atrapada en un campo semántico que no me interesaba, que no me generaba curiosidad, mucho menos entusiasmo como para escribir algo acerca de eso, pero no me quedaba otra opción más que hacerlo. De forma tal que comencé a armar mi cuento.
            Lo remonte a tiempos añejos, a tiempos que ni siquiera conocía plenamente. Cuando leí las sugerencias, mi mente trajo a colación un recuerdo en el que una docente me explicaba cómo quién escribe sólo puede hacerlo acerca de lo que conoce claramente. Que no se podía narrar una historia sin conocer su contexto porque caeríamos en pasos en falso. De más esta decir que eso fue lo que me sucedió. Tuve que buscar información extra acerca del contexto donde había situado mi historia, tuve que dedicarle mucho mas tiempo que el que tenía dispuesto, tuve que estudiar, para poder concretarlo. Los primeros ajustes, fueron en base al tiempo de mi historia, había asumido un juego, en el cual no conocía las reglas y, lo peor de todo, es que era yo quien lo había inventado. Cuánta frustración experimenté esa noche. Pero luego de un rato de ensayo y error, mi personaje le daba al lector más información que la que se hubiese podido imaginar.
            Realmente creí que ya había quedado listo. Pero esta vez, volvía a equivocarme. Los ajustes le habían dado el plus que mi relato necesitaba, pero habían surgido nuevas cosas y, esta vez, en torno a mi personaje. No se sabía quién era, un aura oscura llena de incertidumbre rodeaba a aquel sujeto improvisado que había salido de mi mente una noche que no había sido más que una interacción entre lo frustrante y lo desconocido. Bueno, había llegado la hora de darle un poco mas de identidad. Escuché con atención las nuevas sugerencias, pero caí en otro error. Había escuchado con tanta atención las sugerencias que, en lugar de crear algo que constituya identidad, sólo había modificado casi de forma textual, lo que la profesora me había remarcado. Vergüenza fue lo que experimenté cuando recibí mi trabajo por tercera vez.
La verdad, debo reconocer, que hubo cosas que no entendí y que aún hoy sigo sin entender. Las marquitas al lado de mis líneas con conceptos como el de verosimilitud es un claro ejemplo de ello. El mal uso que le doy a las comas ubicándolas en lugares que no corresponden es otro de ellos. Pero también puedo ser optimista en otros sentidos. Por ejemplo, no entender el concepto del mal uso de las comas, no impidió que hoy preste gran atención en ello y que más de una vez, pueda identificar en mi relato algún que otro caso en el cual estoy cometiendo nuevamente el mismo error, sólo que esta vez, puedo modificarlo. A su vez, debo argumentar a mi favor que cuando escribo, leo y releo constantemente a medida que avanzo, intento alejarme y acercarme desde distintas perspectivas, desde afuera hacia adentro y viceversa. Pero justamente por leer tantas veces, es que una vez finalizada mi producción debo dejarla oculta un largo tiempo, para así poder reconocer, cuantos errores cometo. Cuando vuelvo a abrir el archivo luego de unos cuantos días, todo lo veo mas claro, las correcciones saltan a simple vista y puedo modificarlas. El haber tenido que trabajar durante 3 semanas acerca del mismo producto, fue reduciendo cada vez mas mi mirada critica acerca del mismo. Hoy mi relato requiere una cuarta versión. Pero lamento informar que no la tendrá en breve, sino, dentro de un tiempito más. ¿Quién dijo que es fácil escribir? ¿Quién dijo que es fácil ser crítico de lo que uno mismo crea? Y eso que ni siquiera estoy poniendo en debate el hecho de escribir bien. Sino sólo el hecho de escribir.

2 comentarios:

  1. Uff, el proceso de escritura es difícil. Todos estuvimos en el mismo lugar y hay momentos que satura. En mi caso, tengo que hacer una tercera versión que, espero, surja pronto. Y es verdad lo que decís, y en lo que me siento identificada, no es fácil escribir y mas difícil es ser crítico con uno mismo. Y además, es complicado también superar al primer texto.

    ResponderEliminar
  2. Florencia,

    Muy interesante tu proceso de escritura, creo que lo lográs reconstruir con mucho detalle y con fuertísimo grado de autoconsciencia. Y eso es justamente lo que uno necesita para poder ser crítico con la propia escritura. Así que me parece que vas por muy buen camino.

    Saludos!

    ResponderEliminar